Presupuesto y Redención: Salmo 49
Mientras leemos la Biblia, podemos ver cómo cada vez se hace más real pertinente en nuestros días y podemos aplicarla a cada área de nuestras vidas. Así me sucedió mientras me preparaba para revisar nuestro presupuesto familiar y ver qué ajustes aún necesitamos realizar.
Mientras prendía mi computador para hacer la revisión, tomé mi Biblia para leer el Salmo que me correspondía y escribir la reflexión. He estado leyendo los salmos junto a un grupo de mujeres de nuestra iglesia y otras amistades.
Leí el Salmo 49 y al terminar de leerlo, tuve que sonreír mientras procesaba las enseñanzas de este salmo sobre las riquezas.
Mientras escribía el mensaje que enviaría al grupo, me di cuenta de que estaba más largo de lo normal, quizás porque me era muy pertinente ese día y decidí editarlo un poco y compartirlo con ustedes.
Al momento de la publicación original, esperaba hacerlo con otras de las reflexiones. Actualmente, ya esas reflexiones en los Salmos están disponibles en el devocional Despierta Alma Mía, lo consigues en Amazon.

Presupuesto y Redención
Como ocurre con muchos otros temas, la Biblia nos ofrece principios para dirigir nuestras vidas de manera acorde a nuestra fe; dónde debemos encontrar un balance sano que glorifique a Dios en nuestras vidas prácticas.
Aunque esta tarea, de encontrar el balance, no es fácil, contamos con la oración y el Espíritu Santo para ayudarnos. En el Salmo 49 el tema son las riquezas y estos son algunos de los principios que pude repasar antes de abrir el presupuesto y hacer cambios o celebrar buenos hábitos.
Nadie puede en manera alguna redimir a su hermano, Ni dar a Dios rescate por él, Porque la redención de su alma es muy costosa, Y debe abandonar el intento para siempre (Salmo 49:7-8)
Mis bienes materiales no son útiles para redimir ni mi vida ni la de otros delante de Dios. La semana pasada mientras enseñaba a los niños de la Iglesia hablábamos sobre la redención y de que como necesitábamos pagar el precio por nuestro pecado, y no teníamos los medios para pagarlo, y que por amor Jesús se ofreció para pagar nuestra deuda. Nuestra redención es costosa y solamente Jesús pudo pagar por ella.
Mis bienes, riquezas o posesiones no son suficientes para saldar mi mayor deuda con Dios, solamente Jesús nos puede ayudar con esa deuda.
Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, Y sus moradas por todas las generaciones; A sus tierras han dado sus nombres. (Salmo 49:11)
El salmista no nos dice que no debemos tener casas, bienes, etc. Si no que, no pensemos que estas serán eternas o que tenerlas nos da identidad. Todas estas cosas son necesarias y útiles, pero solo por un tiempo.
Al morir, quizás las disfruten y usen nuestros herederos, pero llegará un día en el que tampoco ellos las disfrutarán.
Pero un día todo lo que conocemos estemos en esta tierra o no, dejará de ser, así que mientras trabajamos y planificamos qué hacer con nuestras finanzas, tengamos en mente lo eterno; en fin, trabajemos por lo que necesitamos, no simplemente por acumular.
Pero Dios redimirá mi alma del poder del Seol, Pues El me recibirá. (Salmo 49:15)
Planifiquemos para el hoy en esta tierra, sin olvidar planificar para la eternidad. Dios proveyó para nuestra redención y Jesús mismo nos dijo que estaría preparándonos moradas eternas.
Es mi oración que mientras miramos nuestras finanzas, no olvidemos que nuestra mayor deuda ha sido pagada, y vivamos en agradecimiento por tal regalo.
No temas cuando alguien se enriquece, Cuando la gloria de su casa aumenta; Porque nada se llevará cuando muera, Ni su gloria descenderá con él. Aunque mientras viva, a sí mismo se felicite (y aunque los hombres te alaben cuando prosperes), Irá a reunirse con la generación de sus padres, Quienes nunca verán la luz. (Salmo 49:16)
Nos recuerda que no debemos darle lugar a la envidia. No permitamos que el “progreso” de otros nos desanime. Trabaja fuerte, presenta a Dios tus necesidades, pide ayuda cuando la necesites, se una administradora sabia de los bienes de tu casa, en oración pidiéndole ayuda a Dios.
Sin olvidar que al final de nuestros días lo más importante no es el tamaño de nuestra herencia material, sino que podamos ver la luz y haber guiado a otros a ver esa luz.
Conclusión del Salmo 49
Ciertamente, esta vida no se puede vivir sin dinero, pero debemos cuidarnos de permitir que el mucho dinero o la falta del dinero quiten nuestros ojos de lo más relevante: el hecho de que nuestra redención ya ha sido pagada en la Cruz.

Que mientras evaluamos y ajustamos nuestras finanzas, recordemos lo costosa que fue nuestra salvación. Mientras buscamos dónde podemos gastar menos o cómo hacemos para ganar más; recordemos que lo más importante es que al final de nuestros días veremos a Dios cara a cara, ese es y será nuestro mayor tesoro.
Después de reflexionar en esto, pude sentarme con más calma a ver nuestro presupuesto familiar; y al final, a pesar de las áreas rojas en el mismo; tener paz para seguir ajustando y mejorando nuestros hábitos, pues mi mayor deuda ha sido pagada, he sido redimida.

