Al recibir un nuevo año es inevitable ese sentimiento de que la novedad de un nuevo conjunto de números al final de la fecha traerá cambios y sobre todo felicidad. Mientras medito en este pasado año y el que está por comenzar, llego a la conclusión de que lo más importante es que viviré de cara al mismo Dios.

La expectativa de un nuevo año

Cuando nos enfrentamos a recibir temporadas nuevas en nuestras vidas no dejamos de emocionarnos. Esas emociones se pueden ver reflejadas como ilusión, motivación, incertidumbre, temor, dudas, etc. Ciertamente todos de una manera u otra tenemos expectativas de lo que debe ocurrir o lo que deseamos que ocurra en la nueva temporada. El cambio en el calendario nos lleva a anhelar aún más un cambio.

Luego de estos pasados dos años, de tantos cambios en la sociedad que nos afectado a todos. Yo también estoy a la expectativa de lo que ocurrirá en este nuevo año. Mientras realizo todas mis tareas de fin de año, que incluyen actualizar mi agenda, planificar el nuevo semestre escolar, establecer mis metas personales y de nuestra familia; me he tenido que detener a reflexionar en una verdad.

¡Feliz Año Nuevo!

Las prioridades

Es común que escuchemos o leamos que nuestra vida cambiará de acuerdo a las prioridades que tengamos y sigamos. Puesto que aquello que sea una prioridad para ti, recibirá tu mayor atención y la calidad de tu tiempo. Esto me ha hecho sentido por mucho tiempo, pero siempre me ha llamado la atención que no siempre priorizamos lo que es importante o que aún al tener nuestra lista de prioridades nos dedicamos más a otras cosas.

Meditando en esto, he llegado a la conclusión de que las prioridades no cambian, pero ciertamente nosotros nos enfocamos en lo que preferimos. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que no hay necesidad de hacer una nueva lista este año para recordarme que Dios está en primer lugar y luego mi familia, etc. Lo que necesito es tomar decisiones y vivir de manera que esto sea una verdad en mi vida.

Puedo hacer muchas cosas en este nuevo año, establecerme diferentes metas y trazar planes para lograrlas. Aunque me disfruto hacer estos planes, hay una verdad que no cambia no importa a lo que le dedique más tiempo este año y que es la guía para nuestra vida.

Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Mateo 6:33

El mismo Dios

Solamente faltan unas horas para que cambie el año, mi agenda ya esta llena de planes que me emociona cumplir. Pero al mirarlos y recordar que mi año esta bajo el mismo Dios del año pasado, me queda una gran pregunta. ¿Lo buscaré a Él primero antes que lo demás? ¿Dejaré mis ojos fijos en Él aún en medio de la dificultad o de la bendición?

Sí, por que como en años pasados miro atrás y veo al mismo Dios sentado en su trono (Salmo 9:7) en quien hay plenitud de gozo (Salmo 16:11), el digno de toda mi alabanza (Salmo 61:8), el mismo Dios misericordioso y bueno. (Salmo 106:1)

Al mirar al nuevo año por comenzar sin certeza de lo que va a ocurrir puedo decir: «No temeré recibir malas noticias; Mi corazón está firme, confiado en el Señor.» (Salmo 112:7; cambio de tiempos y énfasis del autor) No tengo ni idea de lo que estoy por venir, pero de algo estoy segura el mismo Dios que me ha sostenido hasta hoy, me sostendrá mañana. El mismo Dios que es digno de todo mi esfuerzo, amor y pasión, permanece sentado en su trono.

Vivamos este nuevo año de cara al mismo Dios que nos ha salvado. Caminemos este año reconociendo que Él siempre esta en primer lugar y que sea para nosotras un deleite organizar nuestras vidas alrededor de su reino y su justicia.

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