Seguramente, habrás pensado o dicho como yo: «Mis hijos preguntan demasiado.» Ya sea sobre el mundo que les rodea, los temas de la escuela o algo que vieron en la televisión, los niños constantemente piden más información.

Aunque atender a todas sus preguntas es una excelente manera de ayudarlos a aprender, también hay momentos en los que podemos sentir que nuestros hijos no paran de desafiarnos o que sus preguntas nos toman por total sorpresa.

Si te estás sintiendo abrumada por las preguntas de tus hijos, te comparto algunos consejos para ayudarle a manejar la situación.

Hacer preguntas es normal

Primero es importante recordar que el hacer preguntas es una parte natural de la niñez. Esta es la forma en que los niños aprenden sobre su mundo y le pueden dar sentido a lo que ven y escuchan. No les impidas hacer preguntas, si no anímelos a encontrar respuestas.

Una forma sencilla de animarlos a hacer preguntas es con nuestro ejemplo. Cuando nuestros hijos nos hagan una pregunta, tomemos el tiempo para darle una respuesta adecuada. Esto les mostrará que hacer preguntas es una parte natural e importante del aprendizaje. También nos puede ayudar a conocer que ocupa sus mentes.

Establece expectativas reales

Otra estrategia para manejar las muchas preguntas es hacerles saber que no tienes todas las respuestas. Al hacerlo tendrás una oportunidad perfecta para enseñarles a buscar y encontrar las respuestas que necesitan, ya sea en Internet (si tienen la edad suficiente), en un libro o incluso preguntando a la persona adecuada.

A pesar de que me encanta dar respuestas a las preguntas de mis hijos, es importante enseñarles a resolver las cosas por sí mismos. Así estarán aprendiendo habilidades de resolución de problemas e investigación, destrezas que son extremadamente necesarias para el resto de sus vidas. Permíteles tener la oportunidad de aprender cosas nuevas por sí mismos, sorprenderse de sus descubrimientos y que puedan compartirlos contigo.

Estos son algunos de mis libros favoritos que tengo en casa para que los niños encuentren respuestas por sí mismos e incluso los animen a descubrir más detalles.

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Escúchalos

Cuando los niños hacen demasiadas preguntas, lo mejor que podemos hacer es simplemente escucharlos. No te sientas presionada a ofrecer una respuesta inmediata o a dar una respuesta pronta para continuar con tus tareas. Toma el tiempo para concentrarte en lo que ellos están diciendo y considerar sus sentimientos e inquietudes.

Escuchar nos ayudará a identificar si las preguntas provienen de una mera curiosidad o si hay algo más que desencadena la misma. Tomarnos nuestro tiempo antes de responder les demostrará que estamos interesados en lo que ellos están pensando. Este simple acto puede ayudar a calmar cualquier ansiedad que puedan estar experimentando y de ser necesario nos ayudará a iniciar una conversación más profunda que una simple respuesta.

Haz preguntas

Siempre que sea posible, responde las preguntas de tu hijo con una pregunta. Esto les ayudará a expandir su razonamiento mientras usan el conocimiento que ya poseen para encontrar las respuestas a sus preguntas. Queremos fomentar el amor por el aprendizaje y la investigación, que para los más pequeños pueden parecer palabras mayores, pero que simplemente significa disfrutar el proceso de encontrar respuestas a dichas preguntas.

Como bibliotecaria, he visto muchos adolescentes y adultos que no les gusta el proceso de investigación, cuando este debería ser una experiencia enriquecedora. La forma en que manejamos las preguntas de nuestros hijos, puede cambiar su opinión en un futuro sobre la investigación.

Sé paciente y enséñales a ser pacientes

Algunas respuestas no estarán disponibles rápidamente o no se pueden encontrar fácilmente en línea. Es importante darle la seguridad a nuestros hijos que les vamos a ayudar a encontrar una respuesta. Pero que debemos ser pacientes y no darnos por vencidos. Mostrarles que no todas las respuestas son rápidas, les ayudará luego, cuando sus preguntas se vuelvan más difíciles o cuando no tengan la ayuda de otros para encontrar las respuestas.

Tomemos el tiempo para encontrar las respuestas correctas, permitámosles hacer conjeturas o hipótesis y trabajemos juntos para resolverlas. Permítales explorar sus preguntas, incluso cuando puede tomar más tiempo del que pensábamos, la experiencia de aprendizaje será aún más rica.

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Las preguntas que no hacen

Las preguntas que se hacen pueden volvernos locas, pero las preguntas que no se hacen pueden traernos más ansiedad. Para preguntas más serias que pueden ser difíciles de hacer para ellos, podemos sugerirles que escriban la pregunta, para que podamos leerla, y responderla más tarde.

Esto puede ayudar a mantenerlos enfocados y calmados, y también nos permite tener una idea de los tipos de cosas con las que están luchando o en los que están interesados. Luego, trabajen juntos para encontrar las respuestas a estas preguntas o, si es necesario, hablar con otra persona.

¡Qué vengas todas las preguntas!

Como padres debemos alentar la curiosidad en nuestros hijos, animarlos a hacer preguntas. Sin embargo, cuando las preguntas se vuelven demasiadas, es importante encontrar formas de manejarlas. Una manera de hacerlo es asegurarle a su hijo que lo ayudará a encontrar una respuesta. Permítales explorar sus preguntas y trabajar para encontrar por ellos mismos las respuestas.

Una vez que aprendan a encontrar respuestas por sí mismos, las preguntas que lleguen a tus oídos serán menos y tendrás la confianza de que les has enseñado a resolver sus inquietudes de una forma adecuada.

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