Vivir para la Gloria de Dios (1 Tesalonicenses 4:9-12)
Escuchamos exhortaciones a vivir para la gloria de Dios y es muy válido que nos preguntemos como se ve esto en lo ordinario. Incluso podemos caer en el error de pensar que esto es algo que debe ocupar a misioneros, pastores, líderes visibles o momentos extraordinarios.
Pero en 1 Tesalonicenses 4 vemos algo distinto: glorificar a Dios tiene que ver con cómo amamos, cómo trabajamos, cómo administramos nuestra vida y cómo vivimos delante de los demás.
Después de hablar de santidad personal y pureza, Pablo nos lleva ahora a conisiderar aspectos de la vida cotidiana que responden esa pregunta: ¿cómo hago para vivir para la gloria de Dios?
La gloria de Dios no se limita al domingo, ni a nuestro tiempo devocional, se manifiesta el martes por la tarde, en los días difíciles en el trabajo, en las tareas que nadie ve y en una vida ordenada.
Abunda en lo que ya eres fuerte
Pero en cuanto al amor fraternal, no tienen necesidad de que nadie les escriba, porque ustedes mismos han sido enseñados por Dios a amarse unos a otros. Porque en verdad lo practican con todos los hermanos que están en toda Macedonia. Pero les instamos, hermanos, a que abunden en ello más y más,
1 Tesalonicenses 4:9–10
Pablo comienza afirmando algo hermoso: los tesalonicenses ya estaban amando bien. Pero no les dice “ya es suficiente, no se preocupen por crecer en su amor”. Les dice: abunden más y más.
Esto es clave para nosotras. Crecer en santidad no significa solo corregir debilidades o batallar con nuestro pecado, también significa profundizar fortalezas.
Si ya eres constante en servir, abunda más. Si ya amas bien a tus hermanos, ama con mayor intención y entrega. Si tienes disciplina en la Palabra, profundiza aún más.
Vivir para la gloria de Dios implica no conformarnos con una fe básica, sino crecer intencionalmente. Además implica que no podemos ni siquiera imaginar que hemos alcanzado un nivel o etapa en la que no necesitamos crecer más. Pues nuestro estándar es Cristo y la perfección.
En su carta a los Filipenses, Pablo lo dijo claramente de esta manera:
No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús.
Filipenses 3:12
Toma un momento y evalúa como estas viviendo tu vida para la gloria De Dios.
- ¿En qué área estoy viendo fruto espiritual?
- ¿Estoy descansando en eso o estoy procurando crecer más?
Ambiciona una vida tranquila
Y a que tengan por su ambición el llevar una vida tranquila…
1 Tesalonicenses 4:11
Aquí Pablo usa una palabra fuerte: ambición. La cultura nos enseña a ambicionar visibilidad, éxito, influencia, reconocimiento. Pablo dice: ambicionen algo diferente. Ambicionen una vida tranquila.
Una vida tranquila no es una vida sin responsabilidades. Es una vida:
- No gobernada por la comparación
- No impulsada por la competencia
- No definida por la aprobación externa
Es una vida estable, ordenada, centrada en Cristo. Una vida llena de la Palabra de verdad, en la que está ordena todo lo que hacemos. Va más allá de decir que creemos, sino a poner en acción lo que creemos.
Todas anhelamos una vida tranquila y como mencionamos al principio de la serie, podríamos hacer una lista de todo lo que debe ocurrir para alcanzar esa tranquilidad. Sin embargo, Pablo nos esta recordando Vivir para la gloria de Dios, es la fuente de esa tranquilidad.
Esto incluye redefinir nuestras metas. Buscando no ser admiradas por los demás, sino siendo fieles al Dios que nos llamo en cada rol de nuestra vida.
Ocúpate de tus asuntos
…y se ocupen en sus propios asuntos…
1 Tesalonicenses 4:11
En una comunidad de fe nueva, bajo persecución y expectativa del regreso del Señor, algunos habían comenzado a descuidar sus responsabilidades y a involucrarse indebidamente en asuntos ajenos.
Pablo les recuerda: glorificar a Dios también implica orden personal y responsabilidad individual. Ocuparnos de nuestros asuntos significa:
- Cumplir con nuestras responsabilidades, fuera y dentro de casa
- No vivir pendientes de la vida de otros, ignorando la nuestra (Mateo 7:2-4)
- No permitir que la comparación gobierne nuestras decisiones
- Administrar bien lo que Dios nos ha confiado (1 Pedro 4:10)
En una cultura de redes sociales y constante exposición a tantos temas y opiniones, esta exhortación de ocuparnos en nuestros asuntos, es muy valiosa. Para vivir para la gloria de Dios y alcanzar la vida tranquila que tanto anhelamos, necesitamos poner más la mirada en Cristo y dejar como dice el himno que lo terrenal, pierda su valor.
Algunas preguntas para ayudarnos a reenfocarnos en nuestros asuntos:
- ¿Estoy más pendiente de mi llamado o del de otros?
- ¿Estoy invirtiendo energía en lo que Dios me asignó hacer?
- ¿Atiendo adecuadamente las responsabilidades que Dios me ha dado?
- ¿Cómo estoy vigilando mi casa?
- ¿Le dedico más tiempo a meditar en la cultura que en la Palabra?
Trabajen con sus manos
…y trabajen con sus manos…
1 Tesalonicenses 4:11
Pablo dignifica el trabajo, ya sea en tu vocación profesional, en el hogar, o en la iglesia. Quiero recalcar que el trabajo que hagamos con nuestras manos, no nos hace más o menos espiritualmente; ni tampoco afecta nuestro valor.
Una cirujana que salve vidas en un quirófano tiene el mismo valor que una mamá que tienen sus manos llenas de pañales sucios. Lo que realmente importa para vivir para la gloria De Dios no es lo que hacemos en ese trabajo; sino en como hacemos ese trabajo.
El trabajo honesto glorifica a Dios cuando se hace con integridad, diligencia, gratitud y como servicio al Señor. La vida tranquila no es una sin responsabilidades o llena de pereza; es una que demuestra fidelidad constante en lo que Dios nos ha dado para hacer.
Vivir para la gloria de Dios significa ver cada tarea; desde preparar la comida hasta dirigir un equipo; desde criar hijos hasta administrar un negocio como parte de nuestra adoración a Él.
Tengan buen testimonio
A fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera, y no tengan necesidad de nada.
1 Tesalonicenses 4:12
Hemos tomado tiempo para estudiar el testimonio de los tesalonicenses y el ejemplo de Pablo, viendo el efecto que sus vidas tuvieron. Ahora nos corresponde mirar nuestro estilo de vida y ver que este comunica sobre Dios.
No solo proclamamos el evangelio con palabras; lo proclamamos con:
- Nuestra ética de trabajo
- Nuestra forma de tratar a otros
- Nuestra estabilidad en medio de las dificultades
- Nuestra manera de administrar recursos
- Nuestro servicio dentro De la Iglesia
Al llamarnos cristianas, creyentes, hijas de Dios, estamos diciendo que somos embajadoras del Reino. Tomemos en serio ese rol. No representamos solo nuestro nombre o reputación, representamos a Cristo.
Cuando tomamos esto en serio, cuidamos nuestro testimonio, no por tener una buena historia que contar, sino para glorificar a Dios. Que sea nuestra ambición vivir esa vida tranquila que demuestre lo que creemos y el carácter del Dios que nos ha llamado.
- ¿Es mi anhelo vivir para la gloria de Dios?
- ¿Proclamo la santidad de Dios con mi vida?
- ¿Qué lugar tiene servir a la iglesia en mi agenda?
- ¿Estoy aprovechando el privilegio de edificar el cuerpo de Cristo?
Descansando en la fidelidad de Dios
Vivir para la gloria de Dios es algo en lo que debemos crecer cada día. Ponemos de nuestra parte: disciplina, intención, obediencia. Pero descansamos en que la obra final no depende de nuestra perfección.
Pablo cierra su carta con una oración que nos recuerda quién sostiene todo este proceso:
Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Aquel que los llama, el cual también lo hará.
1 Tesaloniscenses 5:23-24
Aquí está nuestro descanso, mientras ambicionamos una vida tranquila que glorifique a Dios.
Sí, vivimos intencionalmente.
Sí, nos esforzamos en obedecer.
Sí, examinamos nuestro caminar.
Pero es Dios quien santifica.
Es Dios quien preserva.
Es Dios quien completará la obra.
Vivir para la gloria de Dios no es una carga imposible, es una respuesta agradecida al llamado de un Dios fiel. Que nuestra vida en lo visible y en lo oculto refleje cada vez más Su carácter.
Y que nuestra ambición, más que cualquier otra cosa, sea esta: glorificar al Señor en todo.
Lecciones del Estudio de 1 Tesalonicenses
- Una vida tranquila: Introducción a 1 Tesalonicenses
- El testimonio de los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 1:4-10)
- El Ejemplo de Pablo (1 Tesalonicenses 2:1-12)
- La persecución y el gozo (1 Tesalonicenses 2:13-20)
- Firmes en el Señor (1 Tesalonicenses 3)
- La Inmoralidad Sexual (1 Tesalonicenses 4:2–8)
- Vivir para la Gloria de Dios (1 Tesalonicenses 4:9-12)
- Firmes en la Esperanza (1 Tesalonicenses 4:13-18)
- Una Vida Tranquila en la luz (1 Tesalonicenses 5)



