Todo está en manos de Dios (Eclesiastés 7:15 al 9:12)
En la lección anterior, el Predicador nos recordó la importancia de considerar la obra de Dios, su Soberanía y que todo está en manos de Dios. Además, comenzó a distinguir entre el sabio y el necio, y vimos cómo destaca que la sabiduría es superior a las riquezas y placeres.
Al continuar leyendo el capítulo 7, desde el versículo 15, el Predicador comienza a hablar sobre los excesos de la sabiduría y la necedad. Mientras que son obvias las consecuencias de vivir en la necedad; aquella persona que vive ignorando y desobedeciendo a Dios y centrada en sí misma.
El predicador también nos advierte sobre el exceso de sabiduría. Esto parece contradictorio, ya que en el capítulo 8, versículo 1, recalca que la sabiduría nos fortalece y transforma nuestra manera de actuar. Entonces, ¿por qué debemos tener cuidado de no ser demasiado sabios?
El Principio de la Sabiduría
La respuesta empieza en Eclesiastés 7:18:
“Bueno es que retengas esto sin soltar aquello de tu mano, porque el que teme a Dios se sale con todo ello”.
Ahora no tan solo estamos viendo las vidas del sabio y necio (impío), pero también la vida del que teme a Dios. La advertencia en contra de la sabiduría excesiva se refiere al riesgo de crecer en sabiduría, pero bajo nuestra propia opinión, como dice Proverbios 3:7.
El Predicador nos está diciendo: Ten cuidado, la sabiduría en sí misma también es vanidad. (Eclesiastés 1:17) Nos está alertando de que podemos caer en el error de acumular conocimiento, buenas decisiones, vivir correctamente pero sin temor a Dios.
Podemos olvidar que “el temor del Señor es el principio de la sabiduría” (Proverbios 1:7) Para ser verdaderamente sabios o que nuestra sabiduría de frutos, debemos comenzar por el temor al Señor.
El mismo verso nos dice que “los necios desprecian la sabiduría y la instrucción” y esto es evidente, pero si somos sabios a nuestra manera, caemos en el error de olvidar que todo está en las manos de Dios.
Como creyentes, debemos entender que la sabiduría es un resultado de nuestro temor a Dios y nuestro deseo de conocerlo a Él. No buscamos sabiduría para elevarnos sobre los demás o para obtener poder y posición. Si lo hacemos, somos igual que el necio, la sabiduría se convierte en vanidad y nos aleja del Señor.
El Predicador comparte en el resto del capítulo 7 cómo su búsqueda de sabiduría, basada en la razón y el entendimiento humano, no produjo la satisfacción que esperaba, sino, por el contrario, le trajo amargura y males.
Las consecuencias de la sabiduría y de la impiedad
En el capítulo 8, el Predicador habla de las consecuencias de la sabiduría y la impiedad. Aunque el hombre sabio puede actuar de manera más justa que el impío, y tener mejores consecuencias por sus actos; aún puede caer como vimos en el error de no considerar la obra de Dios, sigue viviendo bajo los afanes de este mundo, perdiendo de vista que todo lo que tiene proviene de Dios.
El impío, por otro lado, se esfuerza por alargar sus días y disfrutar de sus placeres, pero al final esto es solo temporal. Ha rechazado a Dios y vive sus días disfrutando de lo dado por Dios, pero dándole la espalda.
Ambos, terminan disfrutando de lo que ahora llamamos la “gracia común”, aquellos dones dados por Dios a toda la creación. Como por ejemplo la salud, la medicina, tecnología, la creación; no importa en que equipo estemos sabios o necios, seguiremos disfrutando de esta gracia común.
En el capítulo 9, el Predicador llega a la conclusión de que, así como disfrutamos de esa gracia común, sin importar si somos sabios o necios, todos también enfrentamos el mismo destino: la muerte. Todos, sin importar como hemos vivido llegaremos al juicio final. Todos llegaremos a la eternidad y es ahí donde verdaderamente se verán los resultados de nuestra manera de vivir.
¿A quién le irá bien en el día final?
Entonces parece que no tiene importancia, como es que vivimos nuestra vida, pues todos tenemos maldad y solo podemos disfrutar debajo del sol de lo que Dios nos ha concedido y al final moriremos.
El capítulo 8:12–13, nos dice que hay un grupo al que no importa lo que vivan debajo del sol, le irá bien cuando llegue a la eternidad. Aquellos que temen a Dios. Esa persona que vive consciente de la presencia de Dios, de la naturaleza de Dios, como Santo, y la suya, como pecador. Y que ese conocimiento le lleva al arrepentimiento, aferrada por la Fe a Cristo y su obra redentora.
A esa persona temerosa de Dios que vive consagrada al Señor y que desea agradarle a pesar de todo lo que pueda ocurrir, a esa persona al final de los tiempos le irá bien. Este tipo de personas que viven con temor al Señor, son las que pueden anhelar la eternidad ya que reconocen que todo está en las manos de Dios.
Todo está en manos de Dios, teme a Él
Mientras nos acercamos al final del libro de Eclesiastés, El Predicador nos continúa compartiendo sus hallazgos, sus conclusiones luego del experimento. Luego de observar la vida y ver las injusticias, las dificultades de vivir debajo del sol, nos está compartiendo sus conclusiones acerca de esto y en resumen es que tenemos que recordar que todo está en las manos de Dios.
La conclusión es clara: la sabiduría humana no es suficiente para remediar la necedad, ni para dar sentido a nuestra vida. Recuerda que esta es la frustración del predicador, todo lo que ha probado ha dado como resultado vanidad.
Aunque la sabiduría tiene sus beneficios, necesitamos algo más, para el bienestar verdadero de nuestra vida debajo y por encima del sol: el temor de Dios.
“Teme a Dios y guarda Sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo” (Eclesiastés 12:13–14).
Nos quedan dos lecciones en esta serie, nos enfocaremos en la importancia de crecer en santidad y cómo vivir nuestros días mientras esperamos presentarnos delante de Dios. Mientras es mi oración, que puedas ver que todo está en las manos de Dios y que necesitamos reconocerle en todos nuestros caminos.
Lecciones en el Estudio de Eclesiastés
- Introducción a Eclesiastés: Anhelando la eternidad
- La vanidad y la vida debajo del sol – Eclesiastés 1:2-3
- ¿Qué provecho tiene la vida? – Eclesiastés 1:4-2:26
- La Vida Humana Bajo el Dios Eterno – Eclesiastés 3
- Considera la Obra de Dios (Eclesiastés 4 al 7)
- Todo está en manos de Dios (Eclesiastés 7:15 al 9:12)
- Vivir sabiamente: creciendo en santidad (Eclesiastés 10 – 11:6)
- Conclusión del Estudio de Eclesiastés: Anhelando la Eternidad (Eclesiastés 11:7 – 12)




