Un refugio mayor (Rut 2)
Al continuar estudiando la historia de Noemí y Rut, veremos como mientras buscamos salir de nuestras miserias hay mucho que podemos hacer pero hay un refugio mayor al que debemos acudir.
Dejamos a Noemí en el capítulo anterior sumida en amargura, convencida de que Dios la había abandonado. Recordemos las verdades que están asentadas en el corazón de Noemí aun en medio de su situación antes de proseguir: Dios existe, Dios es Soberano y Dios la ha afligido.
Pero el narrador nos da información que ella no tiene: «Noemí tenía un pariente de su marido, un hombre de mucha riqueza, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz» (v.1).
¡Espera! Noemí había dicho que no tenía quien velara por ellas, pero sí existe un pariente redentor. A veces, cuando estamos sumergidas en el dolor, no podemos ver las provisiones que Dios ya ha puesto en su lugar.
Una propuesta inesperada
Y Rut la Moabita dijo a Noemí: ‘Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas’
Rut 2:2
Aquí comenzamos a conocer mejor a Rut. Ella no se queda en casa lamentándose de su situación. No espera que otros resuelvan sus problemas. Ve una necesidad y se ofrece para trabajar.
Esta joven moabita entiende algo que muchas veces nosotras olvidamos: Dios provee, pero a menudo lo hace a través de nuestro esfuerzo y trabajo diligente.
La ley israelita permitía que los pobres recogieran las espigas que caían durante la cosecha (Levítico 19:9), pero imagínate el valor que requería para una extranjera ir a pedir este favor en campos donde no la conocían.
Una «coincidencia» divina
Y fue a la parte del campo que pertenecía a Booz
Rut 2:3
Ese «y fue» es uno de los momentos más hermosos de toda la Biblia. Rut no sabía a quién pertenecía ese campo, recuerda que ella no sabe quien es este hombre ni el parentesco. No era una estrategia calculada. Era simplemente una joven dispuesta a trabajar, y Dios dirigió sus pasos hacia el lugar exacto donde necesitaba estar.
¿Cuántas veces hemos visto esto en nuestras propias vidas? Esas «coincidencias» que después reconocemos como la mano de Dios guiándonos exactamente donde necesitábamos estar.
Un jefe poco común
Cuando Booz llega al campo, su saludo revela su carácter: «El Señor sea con ustedes» (Rut 2:4). Este hombre exitoso comienza su día laboral reconociendo a Dios.
Inmediatamente nota a Rut y pregunta por ella. La respuesta que recibe está cargada de prejuicio: «Es la joven Moabita que volvió con Noemí» (Rut 2:6). Es como si le dijeran: «Ten cuidado, es una de ‘esas’ mujeres».
Pero esta no era la única descripción de Rut, es también aquella que volvió con Noemí. Este detalle le deja saber a Booz que esta joven es parte de su familia y aumenta más su interés en ella como vemos en el versículo 11, pues investiga toda la historia.
Gracia inmerecida
Lo que sigue es una conversación que nos enseña sobre la verdadera generosidad:
Booz le dice a Rut que se quede en sus campos, que trabaje junto a sus criadas, que beba del agua que preparan sus siervos. Para una extranjera sin derechos, esto era extraordinario.
La respuesta de Rut es marcada de humildad: «¿Por qué he hallado gracia ante sus ojos para que se fije en mí, siendo yo extranjera?» (v.10).
Y aquí viene una de las declaraciones más profundas de todo el libro. Booz le explica que ha escuchado de su sacrificio por Noemí, y termina diciendo:
Que el Señor recompense tu obra y que tu pago sea completo de parte del Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte
Rut 2:12
Un refugio mayor: en las alas divinas
Esa imagen de refugiarse «bajo las alas» es preciosa. Es la misma que usa el Salmo 91: «Bajo sus alas estarás seguro». Booz reconoce que Rut ha dejado la falsa seguridad de lo conocido para encontrar un refugio mayor y verdadero en el Dios de Israel.
Mientras seguimos caminando junto a Rut viendo su historias, nos tenemos que preguntar, ¿he hecho esa transición? ¿He dejado las falsas seguridades del mundo para refugiarte bajo las alas del Todopoderoso?
Una mesa preparada
Pero la generosidad de Booz no termina ahí. A la hora de comer, la invita a su mesa: «Ven acá para que comas del pan» (Rut 2:14). Y no solo la invita; él mismo le sirve la comida. ¡El dueño del campo sirviendo a la extranjera!
Rut comió hasta saciarse y aún le sobró. Imagina el asombro de Rut al recibir todo este cuidado, cuando en la mañana seguramente salió con la simple esperanza de encontrar un poco de grano para no morir de hambre. Booz da instrucciones secretas a sus trabajadores para que dejen caer grano extra para ella.
El fruto del trabajo diligente
Rut trabajó desde la mañana hasta el anochecer y recogió aproximadamente 22 litros de cebada espigada. Eso representa entre 30 y 50 libras de grano. Para una sola persona trabajando, era una cantidad extraordinaria.
Imagínate a Noemí esperando en casa todo el día, preguntándose dónde estará Rut, si estará segura, si conseguirá algo para comer. Y de repente llega Rut cargando más grano del que esperaban conseguir en una semana, además de comida ya preparada.
El momento de revelación
«¿Dónde espigaste y dónde trabajaste hoy?» pregunta Noemí. Y cuando escucha el nombre de Booz, es como si despertara de su desesperación: «El hombre es nuestro pariente; es uno de nuestros parientes más cercanos» (Rut 2:20).
¡Por fin Noemí recuerda!
Hay esperanza.
Hay un pariente redentor.
Dios no las ha abandonado.
En las próximas lecciones veremos más en detalle la importancia del pariente redentor. Luego de meses de estar trabajando en los campos de Booz, vemos dos cosas que aún Rut permanece al lado de Noemí, cumpliendo la promesa que le hizo anteriormente.
Corre al refugio mayor
Si no has leído esta historia antes, quizás ya quieras ir conectando los puntos y descifrar que pasa después. Pero no nos adelantaremos a la historia mejor repasemos las enseñanzas que hemos aprendido hasta el momento.
La provisión llega a través del trabajo diligente. Rut no se quedó esperando un milagro; salió a trabajar con diligencia, y Dios bendijo su esfuerzo.
Dios está en control de todo. Ese «y fue» nos recuerda que no hay casualidades en la vida de los que confían en Dios.
La gracia trasciende los prejuicios. Booz vio más allá del origen étnico de Rut y reconoció su carácter.
El refugio verdadero está bajo las alas de Dios. Todas las demás seguridades son temporales; solo en Él encontramos refugio eterno.
Una imagen del evangelio
Pero hay algo más profundo aquí, hermana. Booz llamando a la extranjera a su mesa y sirviéndole personalmente es una imagen hermosa del evangelio. Nosotras éramos extranjeras, excluidas del pueblo de Dios por nuestro pecado, pero Cristo nos invitó a su mesa y se sirvió a sí mismo por nosotras en la cruz.
Como dice el Salmo 23:5: «Preparas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores». Eso es exactamente lo que Booz hizo por Rut, y lo que Cristo hace por nosotras. ¡Qué más refugio que esté!

Preguntas para reflexionar
- ¿Hay áreas en tu vida donde necesitas ser más diligente en lugar de solo esperar que Dios actúe?
- ¿Has experimentado «coincidencias» divinas que después reconociste como la mano de Dios?
- ¿Estás buscando refugio bajo las alas del Todopoderoso, o sigues confiando en seguridades temporales?
- ¿Cómo puedes ser como Booz para alguien que necesita experimentar la gracia de Dios?
Si hoy te sientes como una extranjera, sin recursos, sin conexiones, recuerda que nuestro Booz celestial, Cristo, te ve y conoce tu historia, y está preparando provisión para ti de maneras que aún no puedes imaginar.
¡Mantén tus ojos abiertos y busca ese refugio mayor!



