Las miserias de Noemí y la esperanza que no vemos (Rut 1)
¿Alguna vez has sentido que tu vida se está desmoronando? Que una tragedia sigue a otra y no logras entender por qué Dios permite tanto dolor. Si es así, prepárate para ser consolada, mientras vemos las miserias de Noemí y como aún así hay esperanza.
Rut: Una historia de Redención y Esperanza
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El contexto de una época sin rumbo
El libro de Rut se desarrolla durante el tiempo de los jueces, una época que la Biblia describe con estas palabras devastadoras:
«En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos»
Jueces 21:25
Era un tiempo de caos espiritual y moral, donde cada persona vivía según sus propios criterios. Es en medio de este desorden que conocemos a una familia de Belén: Elimelec (cuyo nombre significa «Dios es Rey»), su esposa Noemí («Placentera») y sus dos hijos.
Qué interesante que en un tiempo donde no había rey humano, un hombre llamado «Dios es Rey» tome una decisión que afectaría tanto a su familia y el futuro de su pueblo.
Las Miserias de Noemí
La crisis lleva a decisiones desesperadas
Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab
Rut 1:1-2
La hambruna llega a Belén, irónicamente la «Casa del Pan». Elimelec enfrenta una decisión difícil: quedarse y confiar en que Dios proveerá, o buscar provisión en territorio enemigo. Elige lo segundo y lleva a su familia a los campos de Moab.
Pero, necesitamos entender qué significaba esta decisión. Moab no era simplemente otro país; tenía una historia vergonzosa. Surgió del incesto entre Lot y sus hijas (Génesis 19:36-37) y se había convertido en símbolo de idolatría, corrupción moral, y mujeres seductoras (este dato es importante para más adelante). No era exactamente el lugar más indicado para trasladarse, pero esa fue la decisión.
¿Has tomado alguna vez decisiones desesperadas cuando las circunstancias se pusieron difíciles? Decisiones que sabes en tu corazón que no agradan a Dios, pero que en el momento parecían la única salida. La historia de Noemí nos muestra que Dios seguirá obrando su voluntad incluso a través de nuestras decisiones imperfectas.
La acumulación del dolor
La tragedia golpea: Elimelec muere, dejando a Noemí viuda en tierra extranjera. Con lo difícil de esta situación, sus dos hijos se casan con mujeres moabitas: Orfa y Rut. Para una madre israelita, ver a sus hijos casarse fuera del pueblo de Dios debió ser devastador y más con la reputación que cargaban estas mujeres por ser de este pueblo.
Pero el dolor aún no termina. Después de diez años, ambos hijos mueren, dejando a Noemí completamente desamparada: sin esposo, sin hijos, en tierra extranjera, con dos nueras que no eran parte de su pueblo.
¿Puedes imaginar el dolor en el corazón de esta mujer? En esa época, una viuda sin hijos varones quedaba completamente vulnerable. Noemí había perdido no solo a las personas que amaba, sino también toda su seguridad y la esperanza.
El momento de la decisión
En medio de esta tragedia, Noemí escucha que «el Señor había visitado a Su pueblo dándole alimento» (v.6). La hambruna había terminado en Israel. Era tiempo de regresar a casa.
Ante esta decisión Noemí muestra cuidado para con sus nueras al tratar de convencerlas de que regresen a sus familias. No quiere que estas jóvenes sacrifiquen sus posibilidades de futuro ya que no hay más hombres que puedan cuidar de ellas, no hay una esperanza visible para ellas.
Sus palabras son desgarradoras: «la mano del Señor se ha levantado contra mí» (v.13). Noemí está profundamente herida, pero fíjate en algo importante: aun en su dolor, sigue reconociendo que Dios es soberano. No dice que Dios no existe o que la abandonó; dice que Él ha permitido su aflicción.
Dos respuestas diferentes
Las dos jóvenes lloran, pero responden de manera diferente:
Orfa toma la decisión práctica y que hace mucho sentido. Besa a su suegra y regresa a lo familiar, a lo seguro. Y no seamos tan prontas a echarle culpas a Oria, regresar a su familia era la decisión lógica que cualquiera habría tomado.
Rut, en cambio, hace una declaración que aún hoy nos deja sorprendidas
No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa.
Rut 1:16-17
Aunque leemos estas palabras en muchas bodas, estas palabras no tienen mucho romanticismo. Son las palabras de una mujer que está dispuesta a abandonar absolutamente todo lo conocido, para caminar hacia un futuro incierto. ¿por qué? Esta no es la decisión lógica, Rut toma esta decisión basada en lo que ha visto y conocido del Dios de Noemí que la ha cautivado completamente.
Las miserias de Noemí, cargaron su corazón y amargaron sus días, pero no fueron lo suficientemente grandes para ocultar la verdad de quién es Dios. Antes de estas miserias, aún en medio de un pueblo corrompido Noemí le había dado a conocer a Rut quien era el Dios de Israel. ¿Es nuestra fe tan evidente en nuestro carácter y diario vivir que impacte a los demás?
La llegada amarga
Cuando llegan a Belén, toda la ciudad se conmueve. Las mujeres preguntan: «¿No es ésta Noemí?» Pero ella responde con el corazón roto: «No me llamen Noemí (Placentera), llámenme Mara (Amarga), porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver el Señor» (v.20-21).
¡Qué honestidad tan valiente!
Noemí no disimula su dolor ni pone una sonrisa falsa. Está amargada y no tiene problema en admitirlo. Pero incluso en su amargura y sus miserias, reconoce tres verdades fundamentales:
- Dios existe – Sigue refiriéndose a Él como «el Señor»
- Dios es soberano – Reconoce que Él controla las circunstancias
- Dios ha permitido su aflicción – aunque no entienda porque y aunque lo está sufriendo, descansa en la voluntad de Dios
La esperanza que Noemí no ve
Noemí dice que ha regresado «vacía», pero a su lado está Rut, una mujer que ha abandonado todo para seguir al Dios de Israel. Rut, que será el instrumento de Dios para restaurar todo lo que Noemí ha perdido y mucho más.
22 Y volvió Noemí, y con ella su nuera Rut la Moabita, regresando así de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.
Termina esta primera parte de la historia con Noemí y Rut en Belén; recalcando que Rut es de Moab, recordando así la reputación que trae en sus espaldas y que no es parte del pueblo de Israel.
En medio de una historia llena de miserias y amarguras, tenemos un destello de esperanza, llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada. En medio de toda esta tragedia, Dios sigue en control del los tiempos y temporadas. La cosecha está lista, la provisión está disponible.
En medio de mis miserias hay esperanza
Al comenzar a leer la historia de Noemí y Rut, podemos identificarnos con sus miserias y dolor; pero también somos consoladas con varias verdades:
Primero, que Dios puede usar incluso nuestras decisiones imperfectas para cumplir sus propósitos. Elimelec toma una decisión cuestionable, pero Dios la usa para traer a Rut al pueblo de Israel.
Segundo, que la fe auténtica se ve no en ausencia de preguntas o dolor, sino en seguir confiando en el carácter de Dios a pesar de las circunstancias.
Tercero, que nuestra influencia espiritual trasciende las palabras. Noemí nunca le predicó un sermón a Rut sobre la fe, pero su manera de vivir fue tan real que convenció a esta joven moabita de abandonar todo por el Dios de Israel.
Cuarto, que cuando nos sentimos «vacías», Dios ya ha provisto la restauración que no podemos ver.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo respondes cuando la vida no sale como esperabas?
- ¿Qué ve la gente en tu fe cuando atraviesas momentos difíciles?
- ¿Hay «cosechas» que Dios está preparando en tu vida mientras te sientes en temporada de sequía?
Si hoy te identificas más con la amargura de Noemí que con la esperanza, permíteme recordarte algo: Dios no te ha abandonado.
Como Noemí, puedes ser totalmente honesta con Dios sobre tu dolor y frustración como lo hizo el salmista. Pero también, como Noemí, mantén la esperanza de que Él sigue siendo soberano y esa soberanía se vuelve más real en los momento más difíciles.



