Hay historias en la Biblia que son más conocidas que otras. Sin embargo, también hay detalles de estas historias que son más conocidos que otros, por lo que debemos dedicarle tiempo a estudiar la biblia aunque la hayamos leído antes. Mientras me preparaba para enseñar a los niños unas historias bastante conocidas, se me quedo grabada la pregunta: ¿qué le podemos dar a Dios?

Los miércoles en la noche enseño a niños de 4 a 7 años, nuestra meta principal es que conozcan la Biblia y mientras la vamos leyendo, hablamos a su nivel de que nos recuerda lo que leímos acerca de Dios y que significa para nosotros.

Aunque son las mismas preguntas que le hago a las mujeres cuando nos reunimos a estudiar la Biblia. La profundidad de las contestaciones o los ejemplos que utilizó son muy distintos. Aun así, muchos miércoles salgo del salón igual de confrontada y consolada, como si hubiese estado con los adultos.

Comparto esto antes de la reflexión, porque a veces pensamos que si enseño a los niños me estoy «perdiendo» de los estudios que podamos hacer con los adultos. Cuando en realidad si le estamos enseñando la Biblia a los niños y no solo actividades o juegos, seremos igualmente edificadas, pues estamos estudiando la Palabra de Dios.

Jacob y Esaú

Ahora, a lo que realmente quería compartirles. Jacob y Esaú son los hijos gemelos de Isaac, que desde el vientre han estado en lucha. (Génesis 25:22) Jacob, buscando la mejor oportunidad, compra de su hermano la primogenitura. (Génesis 25:27-34) Luego, con la ayuda de su madre, engañan a Isaac y recibe la bendición de Esaú. (Génesis 27)

Jacob, el engañador. Esaú, el engañado. Esta relación tiene un punto culminante cuando Esaú en su ira desea asesinar a Jacob y este huye a la familia de su madre. Es allí dónde Jacob trabaja para Labán, comienza su familia y acumula riquezas. (Génesis 29-31)

¿De qué se trata Génesis 33?

Conocemos este capítulo como la reconciliación de Jacob y Esaú. Jacob va de regreso a la tierra de Canaán, pues Dios le ha prometido cumplir en Él la promesa que le hizo a Abraham y a Isaac. Jacob, aún a pesar de los años, está preocupado de que Esaú lo esté esperando para tomar venganza.

En Génesis 32 vemos que como preparación a su encuentro, Jacob le envía a Esaú, regalos. La Biblia registra que envío: cabras, chivos, ovejas, carneros, camellas con sus crías, vacas, toros, burras y burros. Jacob envió una parte de todo lo que el Señor le había provisto en los años pasados.

El encuentro entre los hermanos es registrado en un solo versículo (Génesis 33:4) pero es uno muy emotivo. Se abrazan. Se besan. Ambos lloran profundamente. Usualmente, hasta ahí llegan los relatos de esta historia, los hermanos que por tanto tiempo han estado en rencilla se han reconciliado.

¿Qué nos enseña Génesis 33?

Podríamos conversar acerca de la reconciliación, de buscar la paz, de no guardar rencor, del perdón, la relación entre hermanos o la familia, el valor de los regalos, la amabilidad, entre muchas otras cosas. Sin embargo, hoy, al meditar en Génesis 33, conversemos sobre la salvación.

Luego de que los hermanos se encuentran y Jacob presenta a su familia. Esaú tiene una pregunta acerca de los regalos y los rechaza. Sin embargo, Jacob le contesta lo siguiente:

Pero Jacob respondió: «No, te ruego que si ahora he hallado gracia ante tus ojos, tomes el presente de mi mano, porque veo tu rostro como uno ve el rostro de Dios, y me has recibido favorablemente. Acepta, te ruego, el presente que se te ha traído, pues Dios me ha favorecido, y porque yo tengo mucho». Y le insistió, y él lo aceptó. Génesis 33:10-11 (énfasis del autor)

Como uno ve el rostro de Dios

Jacob, en su respuesta, nos lleva a considerar algo más allá de la emotiva reconciliación entre ellos. Nos lleva a pensar en el rostro de Dios. Compara lo que ha visto en el rostro de Esaú con lo que vemos en el rostro de Dios. ¿Qué vemos en el rostro de Dios? Gracia y favor. Jacob está reconociendo que el favor, la buena voluntad, que ha recibido de Esaú, es semejante pero minúscula al favor recibido de Dios.

He hallado gracia ante tus ojos

Jacob sabía que sus regalos podrían calmar un poco a Esaú, pero no cambiarían su decisión ni tampoco las acciones pasadas. La única forma de recibir el perdón de Esaú, era porque este iniciaría el camino al perdón. Jacob podía haberle dado todo lo que tenía a Esaú y aún no haber reconciliación. Pero Esaú le mostró gracia, le mostró favor, aunque Jacob por sus acciones no lo merecía.

Me has recibido favorablemente

Esaú, recibo a Jacob con buena voluntad. Jacob esperaba la muerte y fue recibido con un abrazo, se le concedió la vida. Los regalos que envió Jacob no eran necesarios, pero ahora estos no eran simplemente para apaciguar la ira de Esaú, eran una respuesta de gratitud.

Nuestra Salvación: gracia y favor

Este suceso entre Jacob y Esaú no es una representación exacta de nuestra relación con Dios, pero si nos lleva a meditar en nuestra salvación. Hemos pecado, hemos cometido errores, hemos echado a Dios a un lado pensando primero en nosotros. Lo que nos espera al presentarnos delante de Dios es muerte eterna, estamos separados del Dios Santo.

Si creemos en la obra redentora de Cristo, que al morir en la cruz, siendo justo para pagar el castigo de nuestros pecados, para reconciliarnos con Dios y recibir su perdón; nuestra historia tendrá un final diferente, viviremos con Él por la eternidad.

Al tener fe en esa maravillosa obra; hallamos gracia ante sus ojos y Él nos recibe favorablemente. No hay nada que tú y yo podamos hacer para recibir ese favor, esa buena voluntad; lo recibimos por la gracia de Dios como un regalo que no merecemos.

¿Qué le podemos dar a Dios?

Le preguntaba a los niños, ¿qué le podemos dar a Dios? ¿Tienen vacas, burros u ovejas en sus casas? Luego de múltiples carcajadas, conversamos de cómo responder a la gracia y el favor que hemos recibido.

Debemos responder en agradecimiento, rindiendo nuestra vida en servicio y en obediencia. Esto se podrá ver de muchas maneras, en tu vida. De acuerdo a la temporada en la que te encuentres podrás identificar como podrás servir, y ser obediente al Señor.

Sin embargo, todas comenzamos por practicar nuestras disciplinas espirituales y mientras lo hacemos anhelar cada día más cumplir su voluntad para nuestras vidas.

Medita en la gran salvación que hemos recibido y cómo puedes empezar a rendir tu vida al Señor. Comparte en los comentarios si has identificado qué puedes darle a Dios hoy.

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