Cuando la soberanía de Dios se vuelve real

“¿Acaso no soy soberano? ¿No es como siempre me describes?” Hubiese querido callar, pero no lo hice; discutí y lloré aún con mayor frustración. Mis argumentos fueron interrumpidos por el recuerdo de Job, allí estaba yo llena de dolor fabricando argumentos en contra de la justicia y el poder de Dios.