Más allá de las resoluciones: Construyendo metas que glorifican a Dios
Al comenzar un nuevo año, muchas de nosotras sentimos el deseo de reflexionar y hacer cambios en nuestras vidas. El entusiasmo por escribir resoluciones nuevas es casi una tradición cultural.
Sin embargo, también es común experimentar frustración al ver que, pasadas unas semanas o meses, aquellas buenas intenciones han quedado en el olvido o solo fueron palabras escritas en un papel.
En Mujer Balanceada queremos acompañarte a ir más allá de las simples resoluciones y ayudarte a establecer un plan realista, intencional y fundamentado en la Palabra, que te permita crecer espiritualmente y en otras áreas de tu vida, para que vivamos de una manera que glorifique a Dios.
¿Por qué las resoluciones fallan?
Antes de avanzar, es importante reconocer las razones por las que solemos fallar en nuestras resoluciones. Muchas mujeres se identifican con alguno de estos tres grupos: quienes anotan muchas resoluciones pero no las llevan a la acción, quienes se preparan pero finalmente no son consistentes, y quienes inician motivadas pero abandonan tras algunas semanas. Si te ves reflejada en alguno de estos, no estás sola.
Se basan en deseos, no en estructura
Nos enfocamos en lo que queremos cambiar, pero carecemos de un plan concreto para alcanzarlo.
Son demasiado generales
Decimos: “Quiero mejorar mi salud” o “leer más la Biblia”, pero sin precisar detalles ni definir cómo lo lograremos.
Nacen de la culpa o la presión cultural
A veces respondemos más a lo que otros esperan o a lo que dicta la cultura que a convicciones propias basadas en la Palabra.
Están desconectadas de nuestra realidad y rutina
Planteamos metas idealizadas sin considerar nuestra temporada de vida, circunstancias o capacidades actuales.
Reconocer estos obstáculos es el primer paso para construir metas diferentes.
El enfoque bíblico para planificar
Un error común es pensar que, como creyentes, no debemos hacer planes porque Dios ya gobierna nuestro futuro. Sin embargo, la sabiduría bíblica nos invita a planificar y, a la vez, rendir nuestros planes al Señor.
El corazón del hombre piensa su camino, más Jehová endereza sus pasos.
Proverbios 16:9
Esto significa que planificar no es contrario a la fe, sino una muestra de sabiduría si lo hacemos con humildad y disposición a que Dios dirija nuestros pasos. Lo importante es el porqué y el para quién planificamos: ¿Buscamos la gloria de Dios o satisfacer deseos personales o culturales?
Más allá de las resoluciones: metas para la gloria del Señor
Ir más allá de sumar resoluciones implica establecer metas que nos acerquen más a Dios, que tengan impacto en nuestra vida espiritual y permitan servir mejor a otros.
Como enseña Proverbios 16, nuestros planes han de buscar agradar al Señor, apartándonos del mal, siendo una influencia de vida y justicia, y haciendo el bien.
No todas nuestras metas o sueños que se anidan en nuestro corazón se cumplirán tal cual las imaginemos, pues este es engañoso. Pero si están alineadas con el propósito de glorificar a Dios, veremos progreso y transformación real en las áreas más importantes de nuestras vidas.
Un ejercicio práctico: El tablero de visión
Un recurso muy útil es el llamado Tablero de Visión. Esta es una herramienta en la que puedes visualizar distintas áreas de tu vida y anotar aquello que te gustaría transformar. Las áreas pueden incluir lo personal, finanzas, trabajo, familia, vida espiritual y salud, entre otras.
Reflexiona y sueña en oración
Este ejercicio nos ayuda a soñar, pero luego podemos ver todo lo que anotemos con un lente de la realidad en la que estamos y crear un plan que lleve esas resoluciones a algo práctico.
Mientras voy llenando el tablero de visión, me voy haciendo preguntas como las siguientes, y voy presentando estas áreas en oración.
- ¿Qué cosas te gustaría mejorar en cada área?
- ¿Qué te has propuesto antes en esta área?
- ¿Qué anhelas lograr que refleje el carácter y propósito de Dios en tu vida?
Luego de que lo hayas llenado, puedes revisarlo y continuar orando por los planes que has creado, para que el Señor enderece esos planes. Luego, enfócate en una sola área y elige una meta específica para comenzar a crear tu plan. Al terminar, puedes escoger otra área y otra meta.
Si no has trabajado en planes para tus metas, esta es la mejor forma: ir de una en una para que no te abrumes y las dejes a un lado. Es mejor avanzar en una meta que dejarlas todas a un lado. ¿Dónde comenzar? Si no ves ninguna urgencia en tus planes, empieza en tu vida espiritual.
Únete a nuestra comunidad y podrás descargar una hoja de trabajo tanto para el tablero de visión como para crear tu plan.
De la visión a la acción: construyendo tu plan
Una vez que hayas identificado tu primera meta, es momento de hacer lo que muchos no hacen: crear un plan realista que puedas seguir. Te comparto cómo hago esos planes.
Primero, reescribe la meta de forma concreta y específica. Por ejemplo, en lugar de decir:
“Quiero leer más la Biblia” reescríbela a algo como “Quiero leer el Nuevo Testamento en un año”
Luego, identifica tu motivación, evitando las razones por las que se falla y asegurándote de que te lleve a honrar a Dios. ¿Cómo esta meta te ayuda a vivir para la gloria de Dios?
Ahora pasamos al plan, define detalles específicos: ¿cuándo vas a trabajar en esta meta? ¿Dónde lo harás? ¿Cómo la trabajarás? Desglosa los pasos necesarios para avanzar.
Siguiendo con el ejemplo de leer el Nuevo Testamento, decide a qué hora del día lo vas a hacer; tener una segunda opción es ideal. Contesta: ¿Leeré en la cama, en el sofá, en la mesa de comedor? ¿Qué ritmo de lectura voy a seguir?
Ya el plan está casi completo; ahora considera qué retos o interrupciones podrías enfrentar y cómo te prepararás para superarlos. Si los niños te necesitan, si tienes una cita que interrumpa el plan, etc. ¿Cómo lo vas a manejar para que no te detengas?
Por último, piensa en cómo celebrarás los avances que vas logrando en tus planes, valorando tanto los logros grandes como los pequeños progresos. Celebrar puede ser algo tan pequeño o grande como decidas. A mí me gusta escoger algo que me ayude a avanzar más en esa misma meta o en otra; aunque en ocasiones es simplemente una barra de mi dulce preferido.
Ejemplo de un plan
Comenzamos por reescribir la meta; no es lo mismo decir “Quiero bajar de peso” que decir:
“Quiero caminar 2,000 pasos adicionales 3 días a la semana, para cuidar mi salud y servir mejor a mi familia y comunidad. Voy a caminar en el parque mientras los niños juegan por 20 minutos. Si no podemos ir al parque o salir afuera, voy a caminar de un cuarto de la casa al otro. Si logro hacer esto por 3 meses consistentemente, celebraré al comprarme una trotadora.”
Este plan es bien similar al que hice en una ocasión y aún sigo siendo consistente con este plan, aunque he tenido que ajustar algunas cosas.
Perseverando con un corazón agradecido
Recuerda priorizar tus metas, empezar por una sola y, según avances de manera constante, añadir otras. Si alguna meta ya es parte de tu rutina, no necesitas un plan detallado para ella, pero sí para aquellas que se te dificultan.
Tómate el tiempo para ajustar, replantear y ser realista según tu temporada de vida. No busques perfección ni te dejes abrumar por la culpa. Lo importante es avanzar, aunque sea poco a poco, buscando siempre que cada paso sea para la gloria de Dios.
No olvides celebrar también los pequeños avances y aprender de los obstáculos, manteniéndonos firmes en oración y con la mayor meta en mente de vivir para la gloria de Dios.
Un llamado final: vive para la gloria de Dios
Fortalecer nuestra vida espiritual será siempre fundamental para que todas las demás áreas encuentren su equilibrio. Estudiar la Palabra, crecer en oración y desarrollar una actitud de gratitud son disciplinas que nos ayudan a ordenarnos y buscar la guía del Señor en todo lo que hacemos.
Cuando mantenemos a Dios como nuestra prioridad, todas las otras prácticas y herramientas cobran verdadero sentido. Nuestra intención no es complacernos a nosotras mismas ni impresionar a otros, sino vivir una vida que le glorifique y que refleje su amor y sabiduría.
No importa cuándo estés leyendo esto, es un buen día para crecer, aprender y avanzar con la ayuda del Señor. Es mi oración que el Señor te dé sabiduría y fuerzas para todos tus planes, y que cada día encuentres gozo en avanzar, poco a poco, hacia una vida plena y balanceada en Él.



