En esta porción de la carta Pablo les comparte la lucha o preocupación que tiene por ellos (los colosenses), por los de Laodicea y aquellos que no le han visto en persona. Su preocupación es que no sean engañados con razonamientos persuasivos (v. 4), sino que se mantengan arraigados en la verdad.

Alcanzando Riquezas

Pablo no entra en los detalles de esos razonamientos y enseñanzas falsas, que pueden seducir a los nuevos creyentes en estas ciudades. Sin embargo, la forma de prevenir el engaño es la misma que ha estado recalcando desde el comienzo de la carta: la Palabra de Verdad, el Evangelio. 

En el versículo 2 les deja claro que el propósito de la carta es alentarlos para que puedan alcanzar las riquezas. Riquezas que provienen de comprender y conocer el misterio de Dios, a Cristo.

Un conocimiento seguro y pleno; no simplemente un conocimiento de la teoría o de los hechos; sino de las implicaciones del sacrificio de Cristo. Veremos en los próximos capítulos que les estará exhortando no tan solo a creer, sino también a vivir según la magnitud de la redención y justificación que han recibido. 

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Preocupación

Pablo reconoce y se regocija en aquellas buenas obras que ha escuchado de ellos, como su disciplina y firmeza en la fe. ¿Por qué entonces está Pablo preocupado por ellos, si ellos están mostrando que conocen la fe y permanecen en ella?

Les está exhortando a no tan solo estar firmes en la fe, sino también a caminar en Cristo, el objeto de su fe. Firmes en Él y con gratitud. Caminar en Cristo no se logra con simplemente expresar con palabras o acciones específicas lo que creemos. La totalidad de nuestra vida debe reflejar la imagen de nuestro redentor.  

Nuestra Preocupación

Muchas veces en nuestras vidas podemos ser disciplinadas y firmes en lo que creemos; pero nuestro andar, nuestras actitudes y acciones, demuestran otra imagen que no es la de Cristo. Pablo les recuerda a los colosenses y a nosotras que las riquezas las alcanzamos en Cristo.

Las riquezas que anhelan nuestros corazones pueden ser las mismas o diferentes. Podemos anhelar alcanzar un peso ideal, la casa de nuestros sueños, los niños bien portados, un matrimonio de película, viajes que contar, logros educativos o profesionales, etc.

No importa el nombre que le pongamos, todas estas cosas de una manera sutil nos pueden llevaran a buscar estrategias y planes que están fuera de Cristo. 

En el capítulo 3 veremos que Pablo les dice que su meta debe ser mantener los ojos puestos en las cosas de arriba y continuará con ejemplos claros y específicos sobre como deben vivir sus vidas.

Mantener nuestros ojos puestos en las cosas de arriba debe ser nuestra preocupación y ayudar a otros a hacer lo mismo. Cuidarnos de no ser engañadas, ya sea por sutilezas de este mundo o ideas teológicas que nos desvíen de vivir agradecidos y arraigadas en la fe. 

Arraigados…

Esta semana oremos para que el Señor nos ayude a ver que sutilezas nos están alejando de andar en Cristo. Seamos honestas con nosotras mismas y con el Señor sobre las riquezas que anhelamos y los medios que estamos siguiendo para alcanzarlas.

Que el Señor abra nuestros ojos para que podamos verle exaltado y que esto nos lleve a rendir nuestras vidas a su servicio. Vivamos confiadas de que en Él tenemos todo lo que necesitamos para esta vida y la eternidad. Para así andar en Él, firmemente arraigados y edificados en Él. (v. 7)

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