Feminidad Bíblica: vivir como una M.U.J.E.R. en Cristo
En un mundo que constantemente les dice a las mujeres quiénes deberían ser, cómo deberían actuar y qué deberían priorizar, necesitamos regresar al diseño de Dios para la feminidad bíblica.
Este tema es uno extenso, en el cual podemos seguir profundizando y explorando sus aplicaciones. Pero antes de entrar en debates o profundizar en lo técnico de este tema, hoy quiero compartir contigo un acróstico que nos puede ayudar a afirmar nuestra identidad en Cristo: M.U.J.E.R.
Al ver estos 5 principios y su fundamento bíblico, tendrás las bases para vivir y disfrutar de la feminidad, del ser mujer como lo vemos en el diseño de Dios. Si deseas profundizar más en este tema únete a nuestra comunidad y continuemos la conversación.
Motivada por Amor
Nuestro primer llamado como mujeres cristianas es ser motivadas por amor. Pero este no es el amor superficial e impulsado por emociones que promueve nuestra cultura. Este es el amor profundo y sacrificial que fluye de entender cómo Dios nos ha amado primero.
Jesús nos dio un mandamiento claro: «Amaos los unos a los otros, como yo os he amado» (Juan 15:12). Este amor no es opcional o algo que hacemos cuando nos provoca. Es un mandamiento que surge del increíble amor que Dios ha derramado sobre nosotras. Como nos recuerda 1 Juan 4:11: «Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros.»
Pero esto es lo que he aprendido sobre el amor bíblico, es complicado. El amor significa servir a otros, como nos dice Gálatas 5:13: «sírvanse por amor los unos a los otros.» Esta clase de amor requiere que nos soportemos mutuamente y perdonemos (Colosenses 3:13), que caminemos con mansedumbre y paciencia (Efesios 4:2). Significa elegir amar cuando es inconveniente, cuando estamos cansadas, cuando otros no lo merecen.
Ser motivadas por amor transforma cómo atendemos nuestros matrimonios, nuestras amistades, nuestra maternidad, e incluso nuestras interacciones con personas difíciles. No se trata de «sentir amor»; se trata de elegir actuar con amor por quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotras.
Unida a Cristo (Sin Vergüenza)
La vergüenza es una de las armas más poderosas del enemigo contra las mujeres. Cargamos vergüenza sobre nuestro pasado, nuestros fracasos, nuestros cuerpos, nuestras relaciones, nuestras insuficiencias. Pero el diseño de Dios nunca fue que viviéramos en vergüenza.
En Génesis 2:25, vemos la hermosa imagen de Adán y Eva: «Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban.» ¿Por qué? Porque su relación entre ellos y con Dios no tenía pecado. La caída cambió todo, trayendo vergüenza a la experiencia humana.
Pero aquí está la buena noticia: no tenemos que quedarnos allí. El Salmo 34:5 nos promete: «Los que a Él miraron, fueron iluminados;
Sus rostros jamás serán avergonzados.» Cuando miramos a Dios, cuando le buscamos, vemos en la obra de Cristo redención, Él quita nuestra vergüenza.
Pablo declara audazmente en Romanos 1:16: «Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación» Necesitamos mirar hacia atrás al evangelio y recordar que Cristo tomó nuestra vergüenza en la cruz para que pudiéramos caminar en libertad.
Vivir sin vergüenza no significa que somos perfectas o que nunca luchamos. Significa que estamos ancladas en la verdad de quiénes somos en Cristo, no en nuestro desempeño o las opiniones de otros sobre nosotras.
Jubilosa en Toda Temporada
El gozo no es felicidad que depende de las circunstancias es un contentamiento profundo que viene de saber que Dios es soberano sobre cada temporada de nuestras vidas.
En Eclesiastés 7:14 somos recordadas de esta verdad: «Alégrate en el día de la prosperidad, Y en el día de la adversidad considera: Dios ha hecho tanto el uno como el otro» Cuando las cosas van bien, nos regocijamos y damos gracias. Cuando no van bien, elegimos contemplarlo a Él y fijar nuestros ojos en Su carácter y Sus promesas.
Pablo nos da los pasos prácticos en Filipenses 4:4-13: Regocijaos en el Señor siempre. No os afanéis por nada. En cambio, orad por todo con acción de gracias. Aprended a estar contentas en cualquier circunstancia en que nos encontremos.
Esto no es positividad tóxica o fingir que todo está bien cuando no lo está. Es la seguridad profunda que viene de nuestra salvación, saber que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, y que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad cuando ni siquiera sabemos cómo orar. (Romanos 8)
Energizada por el Espíritu
Nunca fuimos diseñadas para vivir la vida cristiana con nuestras propias fuerzas. Jesús nos prometió el Espíritu Santo como nuestro ayudador, maestro y guía.
En Juan 14:26, Jesús nos dice: «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho.» El Espíritu no solo nos da información al imprimir los mandamientos de Dios en nuestros corazones, también nos impulsa a la obediencia.
Cuando nos sentimos abrumadas por nuestro llamado como esposas, madres, amigas o siervas en el reino de Dios, podemos descansar sabiendo que el mismo Espíritu que levantó a Cristo de los muertos vive en nosotras. Él nos energiza para la obra que Dios nos ha llamado a hacer.
Esto significa que no tenemos que esforzarnos o actuar para ganar la aprobación de Dios. Podemos caminar y colaborar con el Espíritu, para que siga produciendo Su fruto en nosotras y a través de nosotras.
Radicada en el Evangelio
Todo lo que hemos hablado; amor, libertad de la vergüenza, gozo y vida en el Espíritu; fluye de estar radicadas en el evangelio. Aquí es donde debemos regresar una y otra vez.
Colosenses 2:6-7 dice: «Por tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesúsel Señor, así anden en Él; firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en su fe,
Necesitamos recordarnos diariamente de lo que fue conquistado en la cruz y en la resurrección, pero también de lo que nos ha sido dado para «vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados.» (Efesios 4:1).
El evangelio no es solo nuestro punto de entrada a la fe es nuestro pan diario. Nos recuerda que somos amadas, escogidas, perdonadas y capacitadas. Nos ancla cuando las tormentas de la vida amenazan con abrumarnos.
Viviendo la Feminidad Bíblica
Vivir la feminidad bíblica, ser una mujer según el diseño de Dios no hace la vida más fácil, pero sí la hace significativa. Cuando estamos motivadas por amor, unidas a Cristo sin vergüenza, jubilosas en toda temporada, energizadas por el Espíritu y radicadas en el evangelio, nos convertimos en mujeres que reflejan la gloria de Dios en un mundo quebrantado.
Al cumplir lo mejor que podemos con nuestro diseño, tenemos paz. La feminidad bíblica nos recuerda que nuestro llamado no es a ser perfectas, sino ser fieles. No tenerlo todo bajo control, sino señalar a otros hacia Aquel que sí lo tiene.




