Los pequeños gritan y/o se pelean una vez más.

Otro cambio de pañal es necesario cuando estas por salir o recién sentándote a comer.

Las notificaciones del telefono no cesan.

Se pierden las llaves.

Un correo, carta o mensaje de texto con una noticia inesperada.

Otro gasto no planificado que pone el presupuesto en juego.

Un día mas sin completar la lista de tareas pendientes.

Otra persona decepcionada con tu personalidad o tu servicio.

¡Quiero Salir Corriendo!

Podría seguir listando situaciones que usualmente podemos manejar sin mucha complicación, pero que cuando se juntan en un tiempo breve o con gran intensidad nos llevan al límite.

No soy para nada deportista, pero cuando situaciones así se acumulan una de las expresiones que llegan a mi cabeza es: «¡Quiero salir corriendo!

Claro que eso no significa cambiarme de ropa y trotar por la comunidad. Significa alejarme de todas esas tensiones y responsabilidades para evitar la incomodidad que están trayendo a mi vida. ¿Te haz sentido así?

Recientemente llegue a este límite un domingo en la mañana mientras preparaba a mi familia para nuestra reunión con la iglesia. Pensé, ya no aguanto más necesito «salir corriendo», huir de la incomodidad y del dolor.

¡En sus marcas, listos, fuera! Pero, ¿a dónde voy a correr? ¿Qué hago para aliviar la ansiedad, la culpa, etc.? ¿A dónde me voy corriendo que mis hijos no vayan conmigo? ¿Dónde puedo ir aunque no logre dar todo lo esperado de mi?

Mientras contemplaba si era posible salir corriendo, recordé las palabras del Rey David y recordé que sí tenía un lugar a dónde ir:

En el Señor me refugio;

¿Cómo es que ustedes le dicen a mi alma:

«Huye como ave al monte?

Salmo 11:1 NBLA

Tenemos un refugio

En mi caso no tenía enemigos externos diciéndome que debía huir al monte, pero mi cansancio y ansiedad me querían hacer huir del dolor y de las circunstancias difíciles. Sin embargo recordé que mi alma tiene un lugar al que correr; y te lo quiero recordar a ti también, tienes un lugar al que correr.

Un refugio seguro en el Señor donde nuestro mayor problema, el perdón de nuestros pecados, ha sido resultó. (Colosenses 1:14)

Un refugio en el que podemos descansar y recibir fuerzas nuevas aún después de una noche atropellada. (Mateo 11:28)

Un refugio en el que abunda la paz que no encontramos en otro lugar. (Juan 14:27)

Un refugio en el que somos aceptadas no por nuestros méritos sino por su gracia y misericordia. (Tito 3:4-6)

Un refugio en el que somos revestida de su armadura para salir a enfrentar lo que esta por venir. (Efesios 6:10-20)

Salí corriendo

Esa mañana en medio del caos que enfrentaba, termine de alistar a mi familia, tome las llaves del auto y salí corriendo en busca de refugio. En busca del Señor mientras adoramos corporativamente y escuché la predicación de la Palabra; al terminar algunas situaciones ya se habían calmado y para las demás tenía las fuerzas para enfrentarlas.

Sería ideal que cada vez que necesitemos correr estemos por salir a nuestras reuniones con la iglesia. Pero no siempre es así, que bueno que ya sea encerradas en el baño, cambiando el pañal nuevamente, o con pequeños en brazos podemos correr a nuestro refugio. Ora. Adora. Medita en Su Palabra.

¿Estas ansiosa o desesperada?

¡Tienes un refugio, corre a Él!

¡En sus marcas, listos, fuera!


Conoce más sobre nuestro devocional Despierta Alma Mía.

1 comentario

  1. Amén..muchas veces queremos huir de todo lo que nos fatiga a nuestro al rededor pero como el saliste David recuerdo quien es mi refugio cuando mi alma se abate y es hay cuando voy corriendo a la presencia de mi padre y puedo quitarme todas mis cargas y descansar en el 🙌

Comparte tu opinión