El redentor que cumple su promesa (Rut 4)
En esta última lección del libro de Rut veremos como Booz se convierte en el pariente redentor, pero más que eso nos recuerda que cuando Dios hace una promesa, siempre la cumple, y a menudo de maneras más hermosas de lo que podríamos haber imaginado.
«Booz subió a la puerta y allí se sentó» (v.1).
Exactamente como le había prometido a Rut, Booz va a resolver la situación legal que impedía su matrimonio. No hay demoras, no hay excusas. Un hombre íntegro cumple su palabra, especialmente cuando ha hecho un juramento delante de Dios.
La puerta de la ciudad era el lugar donde se realizaban los negocios legales, donde los ancianos se reunían para tomar decisiones importantes. Booz sabe exactamente qué tiene que hacer y cómo hacerlo.
…he aquí el pariente de quien Booz había hablado vino pasando» (v.1). No tuvo que buscarlo por días; aparece exactamente cuando necesitaba verlo.
Booz lo invita a sentarse y reúne a diez ancianos como testigos. Todo se hace de manera legal, ordenada, transparente. Este no es un negocio turbio hecho en secreto; es una transacción pública que honra tanto la ley como a todas las personas involucradas.
La redención cumplida
Booz comienza presentando solo parte de la situación: la tierra de Elimelec que Noemí necesita vender (Rut 4:3-4). El otro pariente está interesado; la tierra representa una buena inversión.
Pero entonces Booz revela el resto: «El día que compres el campo de la mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita» (Rut4:5).
¡Ah! Ahí cambia todo. Comprar la tierra es una inversión; casarse con Rut es un compromiso. Significa proveer para ella, darle hijos, perpetuar el nombre de su difunto esposo. De repente, el «buen negocio» se convierte en una responsabilidad costosa.
La retirada del primer pariente
«No puedo redimirla para mí, no sea que dañe mi heredad» (v.6).
Este hombre está siendo honesto sobre sus limitaciones. No tiene los recursos o la disposición para asumir tanto la tierra como el compromiso matrimonial. Prefiere proteger su herencia existente que arriesgarla en esta transacción.
Este hombre habría sido un redentor técnico, pero no habría sido el redentor del corazón que Rut necesitaba, ni el hombre que Dios había escogido para continuar su gran historia de redención.
El símbolo de la transferencia
Siguiendo la costumbre de la época, el pariente se quita su sandalia y se la da a Booz como señal de que transfiere su derecho de redención (v.7-8). Es un acto simbólico, pero poderoso: está literalmente dando un paso atrás para que Booz pueda dar un paso adelante.
Con los testigos presentes, Booz hace una declaración que abarca todo: «Vosotros sois testigos hoy de que he comprado de la mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec… Y que también tomo por mujer a Rut la moabita» (v.9-10).
Fíjate en el orden: primero menciona que está redimiendo la herencia, después que está tomando a Rut como esposa. No está comprando una esposa; está cumpliendo su rol como redentor y, en el proceso, ganando una compañera.
Las bendiciones de la comunidad
La respuesta de los testigos es hermosa: «Testigos somos. Haga el Señor que la mujer que entra en tu casa sea como Raquel y Lea» (Rut 4:11).
Están comparando a Rut, la extranjera moabita, con las matriarcas de Israel. ¡Qué transformación! La mujer que llegó como extranjera ahora es vista como una potencial madre de Israel.
Y añaden: «Y tú seas ilustre en Efrata, y tengas renombre en Belén» (v.11). Estaban dando a conocer sin saberlo lo que sería el fruto y el futuro de esta unión.
El final feliz… y mucho más
«Booz tomó a Rut, y ella fue su mujer» (v.13). Después de toda la espera, toda la incertidumbre, toda la tensión dramática, el matrimonio se consuma en una simple frase.
Y «ella dio a luz un hijo». La línea familiar que parecía cortada para siempre ahora continúa. Pero no es solo cualquier hijo.
La alegría de Noemí
Las mujeres de la ciudad celebran con Noemí: «Bendito sea el Señor, que no permitió que te faltase hoy pariente» (Rut4:14).
Pero sus palabras sobre Rut son aún más hermosas: «Tu nuera, que te ama, te ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos» (Rut4:15).
En una cultura donde los hijos varones eran lo más valioso que una mujer podía dar, decir que Rut valía más que siete hijos era una gran descripción. Recuerda todo lo que han pasado estas mujeres, la extranjera convertió en la hija más preciada.
El linaje inesperado
Pero la historia no termina con un final feliz personal. El bebé, llamado Obed, «fue padre de Isaí, padre de David»(v.17).
¡Sí, leíste bien, David!
El rey más grande de Israel viene del linaje de esta unión entre un israelita íntegro y una moabita fiel. Y si seguimos la genealogía más adelante, llegamos hasta Jesús mismo, es hermoso ver como Dios tenía todo orquestado desde el momento en que Elimelec toma la difícil decisión de irse a Moab. (Mateo 1:5).
La mujer extranjera, que comenzó la historia como alguien sin esperanza ni futuro, termina siendo parte del linaje del Salvador del mundo.
El evangelio en la historia de Rut
En el libro de Rut, leemos esta historia que es más que un drama con giros inesperado y una historia de romance; es un destello de lo que Dios estaba haciendo, lo que hoy conocemos como el evangelio:
- Estábamos perdidas como Noemí, sin esperanza, amargas por las circunstancias
- Necesitábamos un redentor que pagara el precio que no podíamos pagar
- Nuestro Redentor se acercó a nosotras cuando estábamos en nuestra mayor vulnerabilidad
- Él pagó el precio completo por nuestra redención
- Nos cubrió con su manto de justicia y protección
- Fuimos adoptadas en la familia de Dios
- Recibimos una herencia que no merecíamos
- Nos convertimos en parte de la historia de salvación de Dios
Una invitación personal
Espero que este estudio te halla llevado a recordar que no importa cuán desesperante parezca tu situación actual, Dios está escribiendo una historia de redención en tu vida. Como Noemí, quizás te sientes vacía y amarga. Como Rut, quizás te sientes como una extranjera que no encaja.
Pero nuestro Redentor celestial ha pagado el precio completo por nuestra salvación. Nos ha cubierto con su manto de justicia. Nos ha adoptado como hijas. Y está escribiendo nuestra historia en el gran libro de la redención que culminará cuando veamos su rostro cara a cara.
La historia que comenzó con hambruna y muerte termina con abundancia y nueva vida. La historia que comenzó con una mujer amarga termina con alegría restaurada. La historia que comenzó con una extranjera sin futuro termina con ella siendo ancestra del Salvador.
Esa es la clase de Dios que servimos. Esa es la clase de final que Él escribe. Y esa es la esperanza que podemos tener, sin importar cómo se vea nuestro capítulo actual.
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28).




