Maternidad

Cuando la Soberanía de Dios se vuelve real

Cuando la Soberania de Dios

Mientras crecemos en nuestra fe, conocemos verdades bíblicas y atributos de Dios a los cuales nos aferramos por la fe. Sin embargo, hay momentos en que ese conocimiento se vuelve una realidad en nuestra, así me ha pasado con la soberanía de Dios. 

Este escrito lleva en la bandeja de borradores más de 500 días, varias he tratado de terminar de escribirlo y las lágrimas no me lo permiten. Como familia hemos crecido mucho en los últimos años, pero aún hay preguntas y dolor que experimentamos continuamente. 

Son estas situaciones y emociones, las que inunda mis ojos de lágrimas y detiene mis manos en el teclado. Aun así quiero compartirte este escrito, pues hay una verdad que deseo compartir contigo, la cual es real sin importar tu condición o la de alguien a quien ames.

Nuestra Aventura Azul

Hace unos años nuestra familia comenzó a vivir lo que hemos llamado una aventura azul, nuestro hijo Jonatán Caleb comenzó a mostrar un retroceso en el habla. Las hermosas conversaciones que empezábamos a tener se esfumaron, siendo reemplazadas por gritos y por llantos. 

Luego de varios meses intensos, llenos de duda y dolor; nos confirmaron lo que más temía nuestro corazón. «Son conductas típicas del autismo» —dijo la profesional. Y en ese momento, mi corazón se hizo pedazos. Las ilusiones que tenía se fueron al piso. Mis oraciones se inundaron de llanto. 

Imagen decorativa con el texto del Salmo 6:6

Entendí como nunca antes estas expresiones del salmista. Las preguntas sin respuesta me quitaron el sueño. Las tareas más simples se volvieron un reto. 

El mundo que conocía se volvió en mi contra y solo escuchaba juicio y culpabilidad:

  • “Debiste lactar por más tiempo”
  • “No lo has protegido lo suficiente”
  • “¿por qué lo vacunaste?”
  • “Seguro, algo hiciste mal”
  • “esto es tu culpa” 
  • “necesitas más fe para que Dios lo sane”
  • “¿cómo lo vas a arreglar?”

Mi descarga contra Dios

Esos primeros meses el ajetreo de citas médicas, evaluaciones y de comenzar a conocer a mi hijo de nuevo me agotaban. Pero llegó el día en que todo el enojo, la desesperación y la frustración de tales ataques los descargue contra Dios. 

Habían pasado meses largos en los que no podía emitir ni una palabra en mis oraciones, de tanto dolor que había en mi corazón. Y ese día que estaba totalmente derrumbada, sin lágrimas que secar, comencé a reclamarle a Dios y hacerle todas las preguntas que tenía reservadas:

  • “¿Por qué él?”
  • “¿Acaso no he rendido lo suficiente?”
  • “¿Por qué tenemos que pasar por esto?”
  • “Nos esforzamos por levantar una familia para tu servicio, ¿y permites que nos pase esto?” 

No había terminado bien mi descarga, cuando el Espíritu de Dios me preguntó en mi corazón: “¿Acaso no soy soberano? ¿No es así como siempre me describes?”

Foto en blanco y negro de Jonatán, hijo de la autora, de edad de 3 años, caminando por un campo con flores silvestres, sin mirar a la cámara. Texto sobre la foto: cuando la soberanía de Dios se vuelve real.
Jonatán Caleb 2015 por Pedro E. Pérez PHOTOGRAPHY

Quisiera decir que hice silencio en ese momento, pero no. Al contrario, discutí y lloré aún con mayor frustración, me negaba a aceptar la soberanía de Dios. Pensaba que tenía algo que probar, pero mis argumentos fueron interrumpidos por el recuerdo de Job. Tan ingenua yo, llena de dolor, fabricando argumentos en contra de la justicia y el poder de Dios. 

El Efecto de la Verdad

En un proceso lento de varios meses concluí como Job: «pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo. Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí, y muchas cosas como estas hay en Él.» Job 23:13-14

Poco a poco las preguntas sin respuestas fueron sustituidas por confianza, fui asimilando que nada que yo o mi esposo hubiésemos hecho o dejado de hacer; cambiaría el diagnóstico de mi hijo, pues la Soberanía de Dios no es solo una descripción, sino que es una realidad. 

Aún no veo, la totalidad del plan de Dios, ni conozco cómo será el final de la historia, pero si hay algo de lo cual tengo seguridad es de esta promesa: 

“Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11)

Durante estos años en los que no nos hemos detenido en buscar servicios para nuestro hijo, algo ha sido evidente. El Señor va poniendo personas especiales que nos han bendecido, están aquellas que Jonatán con su sonrisa ha fortalecido, y las muchas personas con necesidad espiritual a las que hemos podido servir. 

Mi hijo y el Hijo de Dios

Sí, en ocasiones desearía que esto fuera un sueño del que estoy por despertar. Aún no lo entiendo todo, pero la realidad es que la obra de Dios en nuestra familia, los que han caminado con nosotros o se han cruzado en el camino, ha sido evidente.

En mi más reciente tiempo de duda, al pensar en los sueños que perdí sobre mi hijo para generar otros, Dios me mostró a su Hijo. A su Hijo ensangrentado en una cruz, cargando nuestro pecado, enfrentando su ira. 

“El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?” (Romanos 8:32

Al reflexionar en esa verdad que Dios nos da con Cristo todas las cosas, incluyendo el dolor y lo incomprensible, me ha dado nuevas fuerzas. Por más que duela lo que estemos pasando, recordemos que Él sufrió el mayor acto de dolor, Dios el Padre lo entregó para sostenernos y darnos toda bendición. 

La Soberanía de Dios en tu Vida

Sin importar cuál sea esa situación que no encaja en tu realidad, que piensas no es justa, que crees se le escapó de las manos a Dios; ya sea autismo, cáncer, problemas económicos, depresión, pérdida de un hijo o familiar, te invito a descansar en la soberanía de Dios. 

Es en los momentos más difíciles de nuestra vida, cuando su soberanía se vuelve real y aunque no lo entendamos todo y no tengamos respuesta a todas las preguntas, sabemos que Él sí las tiene e incluyen un futuro y una esperanza. 

No me deleito en la condición de mi hijo, y aún hay temporadas en las que mi lecho se llena de lágrimas, pero hay una diferencia al día de aquella descarga. Hoy anhelo ver cómo Dios es glorificado a través de él, hoy sé que aunque nada haga sentido ante mis ojos, Dios sigue sentado en su trono. 

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5 Comments

  1. Excelente escrito!!! La historia se repite en mi vida con diferentes variables. Sin embargo Dios me sigue repitiendo día tras día que Él Soberano. Dios te continúe dando de su gracia en este proceso.

  2. Bueno, no sé. Está bien. Dios, según lo veo, puede estar entre todas las cosas y entre nuestras ideas más que nada. Tenerlo como guía ayuda a llevar la vida de otra manera, seguramente más bondadosa aunque no en todas las personas. Nadie es perfecto.
    Me gustaría decirte que tu hijo es un ser excepcional pero eso lo deberías de saber ya. Y normal las lágrimas. Nadie quiere un hijo diferente al principio. El camino va a ser largo, también lo sabes.
    Tú, de nada tienes la culpa. Lo sabes: Dios no nos castiga, es solo amor. Eso me dicen.
    Después de estos tres años de publicación del texto, has debido aprender mucho.
    Para nadie resulta fácil una criatura con TEA y, sin embargo, llevo leído muchos escritos de madres que no cambiarían sus hijos por otros “normales” o típicos. Madres (y supongo padres) que ayudan a sus hijos mientras crecen y se dejan el pellejo cada día, como vosotros. Hacerlo podría considerarse una mortificación en lenguaje cristiano y en ese mismo lenguaje -por si te sirve de algo- te digo que es también tu particular camino a la santificación.
    No me gusta lo que te estoy comentando porque no sé cómo hacerlo sin parecer condescendiente ni complaciente ni beato ni ateo sino una persona con años que quisiera ser de otra manera en ocasiones y no puede.
    Deja -atenta- que tu hijo te enseñe. Aprende -mucho- con él. El puede ver lo que no imaginamos los demás.
    Buah, perdona la chapa.

  3. Qué hermoso. Aunque mi hija no tenga la misma condición que Jonatán, puedo sentir tu dolor. Muchas cosas no entenderemos en esta vida, pero si de algo estoy segura es que nuestro soberano Dios siempre tiene el control y nos capacitará para dar lo mejor a nuestros pequeños. Estás haciendo un trabajo fenomenal y te admiro mucho <3 Gracias por compartir un pedazo de tu corazón con este escrito.

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