En esta ocasión culminaremos el capítulo 1 de la carta a los colosenses, meditando en la mayor esperanza que tenemos. Luego de resaltar la grandeza de Cristo, pareciera que Pablo cambia drásticamente de tema para hablar de sí mismo y de su trabajo.

Sin embargo, si lo leemos en detalle, podemos ver que Pablo no está haciendo su carta de presentación, sino reafirmando lo valiosa que es la obra de Cristo, como para gastarse por ella y defenderla. 

Lo que falta de las aflicciones de Cristo (v. 24-25)

Al leer este versículo podríamos pensar que hay un sacrificio que nosotras necesitamos hacer para completar la obra de Cristo, pero esto no es lo que Pablo está enseñando. Tenemos que hacer una distinción entre vivir una vida sacrificada al servicio de otros y el sacrificio que trae perdón de pecados y redención a nuestras almas.

Recordemos que Pablo ya ha establecido que Cristo es la cabeza de la iglesia (1:18) y, por lo tanto, debemos seguir su ejemplo de entrega y sacrificio en nuestra vida. 

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Por otra parte, vimos también, como Pablo enfatiza, a los colosenses y a nosotras, que es por Cristo que tenemos redención: el perdón de los pecados. (v. 14) Esta obra de Cristo es una completa y única. Leemos en Hebreos 12:2: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.”

La obra redentora de Cristo es suficiente y no necesita de nada más, nosotros no podemos aportar nada a este sacrificio.

¿Por qué Pablo habla entonces de hacer sacrificios por la iglesia?

Veamos como se lo dijo a Timoteo en la Segunda carta: Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús y con ella gloria eterna. (2 Timoteo 2:10)

Pablo dice que sus sufrimientos son por aquellos escogidos del Señor con el propósito de que obtengan salvación, no porque Pablo los va a salvar, sino porque es el instrumento que les llevará la Palabra de Verdad.

Así lo dice en el versículo 25: que beneficia a los colosenses por predicar la palabra de Dios. Entonces nuestra aportación es por medio de la predicación de la palabra y esto traerá sufrimientos y dificultades que debemos soportar por amor a los escogidos de Dios.

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La Esperanza de la gloria (v. 27-29)

En 2 Timoteo 2:10 Pablo le dice a Timoteo que su motivación, propósito y llamado es que los escogidos reciban la salvación y la gloria eterna. El versículo 27 dice: «Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles.»

En el versículo 28 explica en más detalle como se cumple ese llamado; por medio de la proclamación de Cristo, la amonestación y la enseñanza. En este capítulo hemos visto como Pablo proclama a Cristo y en los próximos capítulos veremos en más detalle la amonestación y la enseñanza. 

Dar a conocer esta esperanza debe ser también nuestra motivación. Cumplir con esas acciones que lleven a otros a la salvación y vivir rectamente delante de Dios. Esforzarnos por hacer esto no será color de rosa como decimos.

Mientras lo hacemos sufriremos de muchas maneras y tales sufrimientos podrían desanimarnos en continuar; pero Pablo nos recuerda que nos esforzamos no en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios que obra en nosotros. 

Nuestra Respuesta a esta esperanza

Mientras leemos esta porción y buscamos aplicarla en nuestra vida, podemos pensar que solo les aplica a pastores o líderes de ministerio y no a nosotras en nuestra vida cotidiana llena de ropa y plato sucios.

Sin embargo, Pablo dice que él sufre y se esfuerza para el beneficio de los escogidos para que puedan ser presentados delante de Cristo perfectos.

Miremos a nuestro alrededor y encontraremos personas, ya sean grandes o pequeñas, por quienes esforzarnos y sufrir mientras les proclamamos la palabra de verdad. Mientras les amonestamos a vivir vidas dignas del sacrificio de Cristo Jesús (como veremos más en detalle en el resto de la carta) y les enseñamos la sabiduría de Dios. 

Todas tenemos este llamado de dar a conocer a otros la esperanza de gloria que tenemos en Cristo. No importa cuan lejos vayamos a cumplir este llamado, de un país a otro, de la sala al comedor o dos casas más arriba en nuestra calle; el Señor nos dará el poder para enfrentar los sufrimientos que lleguen.

Es mi oración que el Señor mantenga nuestros ojos puestos en Él, autor y consumador de nuestra fe; en nuestra esperanza de gloria.  

Myrna Mirelix

Madre, esposa, mujer dependiente de Dios. Estudios Bíblicos, Devocionales y Herramientas para mujeres cristianas a crecer en su vida espiritual.

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