Vivir sabiamente: creciendo en santidad (Eclesiastés 10 – 11:6)
Llegando a sus últimas conclusiones, el predicador continúa en los capítulos 10 y 11 de Eclesiastés, meditando en los resultados de vivir sabia y neciamente, enfatizando nuevamente los resultados de su experimento y la importancia de vivir sabiamente, o sea creciendo en santidad.
En la última lección meditamos en que la sabiduría es importante, pero que esa sabiduría debe ser basada en el temor al Señor, no en nuestro propio conocimiento. Además, te adelanté que nos enfocaremos en la importancia de crecer en santidad.
No entraremos en todos los detalles de estos dos capítulos, pero quiero que nos enfoquemos en dos versículos que, en medio de todas las ilustraciones y ejemplos, nos llaman a vivir sabiamente, con temor al Señor, lo que producirá como resultado que continuemos creciendo en santidad.
¿Qué significa santidad?
Según el EASTON’S BIBLE DICTIONARY, la santidad no solamente conlleva la reformación moral de nuestro carácter, es la obra del Espíritu Santo, trayendo cada vez más la nueva naturaleza que recibimos al creer y ser regenerados. (Romanos 6:12-14; 1 Corintios 6:19-20)
Necesitamos recordar que, aunque la santidad no será perfecta o completa debajo del sol, como diría el predicador, debe haber un progreso o un avance en cómo se ve la naturaleza de Cristo en nosotras. Al crecer en santidad, reconoceremos nuestras faltas como pecado y seremos movidos al arrepentimiento. (Filipenses 3:12-14)
¿Qué estamos demostrando? (Eclesiastés 10:2-3)
Como vimos en la lección anterior, hay una diferencia entre el hombre sabio y el hombre necio, y las acciones de estos los llevan por un camino que al final de la vida los conduce a destinos eternos diferentes.
Ahora el predicador nos está haciendo un llamado a evaluar lo que demuestran nuestras acciones. Dice que aunque el necio ande por el camino de los sabios, aquellos que temen a Dios, su falta de entendimiento, su falta de conocer a Dios y sus acciones dan a conocer que sigue siendo un necio.
Y antes de que seamos prontas a identificar a otros como que viven así la vida de otros, comencemos con nuestra vida. ¿Están nuestras acciones demostrando algo más que una moralidad aceptable? ¿Vivimos nuestras vidas bajo el temor de Dios?
No nos podemos conformar, con hacer buenas obras, ni incluso con cumplir con una lista de actividades espirituales, si nuestra mente y corazón no están siendo transformadas a ser más como Cristo.
Si al leer esto sientes convicción de que hay cambios que hacer, ¡Gloria al Señor! Eso implica que hay vida espiritual en tu interior; clama al Espíritu Santo para que, como decía Pablo, te ayude a dar la batalla.
Vivir Sabiamente es ser esforzados (Eclesiastés 11:6)
En este versículo del capítulo 11 veremos que el vivir sabiamente, disfrutando la vida debajo del sol y considerando la obra de Dios, es un proceso activo. Cuando reconocemos que Dios es el Señor del Tiempo y que todo está en sus manos, no nos cruzamos de brazos ni nos refugiamos en la inactividad, por el contrario, vivimos activamente presentando nuestros planes y decisiones a Dios.
Vivir sabiamente requiere que seamos esforzadas en todo lo que hagamos, ya que lo debemos ver como que lo estamos haciendo para el Señor. (Colosenses 3:23) En casa, en el trabajo, en nuestras relaciones, en nuestro servicio, debemos ser esforzadas.
Ahora, si eres como yo, una perfeccionista en recuperación; déjame aclarar que todo ese esfuerzo lo hacemos como respuesta a la gracia y misericordia de Dios para con nosotras, no para ganarnos nada de Dios. Además, lo hacemos descansando en que el valor de los resultados de nuestras acciones, no depende de nosotras, sino de la voluntad soberana de Dios, que al final será para nuestro bien.
Creciendo en Santidad (Filipenses 2)
Ahora, en una de las áreas que debemos ser bien esforzadas mientras dependemos del poder del Espíritu Santo, es en nuestro proceso de santidad. Esta sección podría ser una lección en sí misma, pero lo que quiero es que honestamente evalúes tu vida y veas en qué áreas necesitas crecer.
Otra vez, recuerda que no llegaremos a ser perfectas en nada, pero cada día, cada mes, cada año, tú y los que están cerca de ti deben ver progreso y crecimiento en tu santidad, en nuestra semejanza a Cristo.
Este pasaje lo utilizamos más o lo vemos a la luz de ver la naturaleza de Cristo y la exaltación que recibió de Dios el Padre, por medio de su sacrificio; pero en esta ocasión quiero que veamos, la exhortación que le está haciendo Pablo a los Filipenses, que seamos esforzadas en ser semejantes a Cristo.
Y claro, aunque no seremos de naturaleza divina, ni haremos un sacrificio como Él lo hizo, ni alcanzaremos un nombre, sobre todo. Si hay mucho que debe reflejarse en nuestras vidas de Cristo, te comparto las siguientes preguntas para que comiences tu evaluación:
- Tener la misma actitud de Cristo. (v. 5)
- ¿Estamos viviendo en humildad o centradas en nosotras mismas?
- ¿Estamos obedeciendo los mandamientos de Dios?
- ¿Estamos amando a nuestros hermanos? ¿A nuestros enemigos?
- Despojado, no aferrado, crucificado, exaltado y al que confesamos. (v. 6-9)
- ¿Reconocemos que el sufrimiento es parte de la vida cristiana?
- ¿Vivimos descansando en la soberanía de Dios en medio de las dificultades?
- El que confiesa, vive para su gloria. (v. 11)
- ¿La adoración es parte de nuestro estilo de vida?
- Ocupándose de su salvación con temor y temblor. (v. 12)
- ¿Tenemos una actitud activa en nuestra vida cristiana o andamos de brazos cruzados?
- ¿Vemos nuestras disciplinas espirituales como actividades que cumplir o como medios para apreciar la gracia de Dios?
- Haciendo todas las cosas, por el poder de Dios. (v. 14)
- ¿Reconocemos que nuestra santidad proviene del poder de Dios?
- ¿Reconocemos las manchas del pecado en nuestra vida diaria?
Conclusión
Vivir sabiamente y crecer en santidad es el llamado continuo de Dios para nosotros. Este camino no es fácil, pero está lleno de propósito y gracia. A través de la sabiduría basada en el temor al Señor y el esfuerzo que podemos hacer a través de Su Espíritu, somos transformadas día a día a la imagen de Cristo.
Tomemos un tiempo en oración para examinar nuestras vidas, conversar con otras hermanas maduras y evaluar nuestras acciones y motivaciones; para esforzarnos en las áreas que sea necesario. Mientras dependemos por completo de Dios, mientras avanzamos.
Espero que esta lección nos mueva a buscar al Señor con más fervor, a vivir con intencionalidad y a reflejar Su gloria en cada aspecto de nuestra vida, mientras aguardamos el día en que nuestra santidad será finalmente perfeccionada en Su presencia. Esta es otra razón por la que anhelamos la eternidad.
En la próxima lección, como conclusión de este estudio, veremos qué debemos hacer mientras seguimos nuestra espera por el regreso de nuestro Señor.
Lecciones en el Estudio de Eclesiastés
- Introducción a Eclesiastés: Anhelando la eternidad
- La vanidad y la vida debajo del sol – Eclesiastés 1:2-3
- ¿Qué provecho tiene la vida? – Eclesiastés 1:4-2:26
- La Vida Humana Bajo el Dios Eterno – Eclesiastés 3
- Considera la Obra de Dios (Eclesiastés 4 al 7)
- Todo está en manos de Dios (Eclesiastés 7:15 al 9:12)
- Vivir sabiamente: creciendo en santidad (Eclesiastés 10 – 11:6)
- Conclusión del Estudio de Eclesiastés: Anhelando la Eternidad (Eclesiastés 11:7 – 12)



