Muchas luces, pero aun en oscuridad: celebremos la luz verdadera
Ya llegan las fiestas, las luces, los excesos, los regalos, el árbol y la lista continua. Esta es la temporada de los villancicos, donde compartimos en familia, adornamos nuestra casa, compartimos regalos, y en todo lugar vemos luces y más luces, pero ¿qué de la luz verdadera?
Se escucha una alegría entre la gente, como si se ganara la lotería. Por un lado, fuegos artificiales; por otro, brindis y algarabía. Sin embargo, no conocen la celebración verdadera; más bien viven un engaño.
En una encuesta realizada en el Internet, la mayoría de los participantes respondieron que su significado para la Navidad es el sentido familiar de conexión en este tiempo de fiestas. Algunos reconocen que la Navidad tiene un carácter religioso, en el que se celebra el nacimiento del Niño Jesús; pero, aun así, viven en oscuridad.
Mirando al Pesebre
Sin embargo, la lección que nos enseña el glorioso nacimiento de Jesús es una lección pura de Gracia. Como les dijo Pablo a los Efesios:
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados).” (Efesios 2:4-5).
Sin duda, al celebrar la Navidad festejamos, pero no debe mirarse y considerarse como solamente un festejo; más bien debemos asociarla con Jerusalén; debemos conectar el pesebre con la cruz y aprender acerca de una esperanza para nuestra eternidad.
Sí, al celebrar solo miramos a Belén, donde nació el Niño Jesús; no obstante, mirando al pesebre, allí también se encontraba el Cordero que iba a ser sacrificado. (Isaías 53:7)
Allí, solo allí se encontraban las manos que iban a ser destrozadas por los clavos. (Juan 20:27)
Allí, estaban los pies que todavía no habían caminado por esta tierra en perfección y sin pecado (1 Pedro 2:22) y que luego iban a ser clavados en la cruz.
Allí, y solamente allí estaba ese costado que iba a ser traspasado (Juan 19:34).
Allí, se encontraba entre pañales, la luz del mundo. (Juan 8:12)
Viviendo en oscuridad
A pesar de las fiestas, de tanta “alegría” y tantas luces que alumbran nuestras calles, la gente aún vive en oscuridad. Las luces y las fiestas son un reflejo del vacío que se busca rellenar y ocultar por medio de una celebración sin esperanza.
Mientras, tratan con sus mejores obras de llenar ese vacío y satisfacer su necesidad, estas no tienen un efecto duradero. Pues aunque sus intenciones con estas obras y acciones sean buenas, delante de Dios están manchadas de iniquidad e injusticia (Isaías 64:6).
Aquellos que no han visto la realidad de lo ocurrido en el pesebre viven en un túnel lleno de luces fosforescentes, pero sin acceso a la luz del sol, sin libertad. En realidad viven en oscuridad espiritual, esclavos del pecado, y qué triste es esa eterna oscuridad que será para los que viven en iniquidad.
Para poder ser capaz de hacer lo que es bueno y aceptable a Dios, de vivir por fe, necesitamos de la regeneración, de una nueva vida, de vivir bajo la luz verdadera.
La Luz Verdadera
La verdadera celebración se lleva a cabo cuando reconocemos que Aquel que nació en un establo fue el mismo Jesús que murió en una cruz, que cargó en su cuerpo todas nuestras rebeliones.
Por quién recibimos la regeneración que nos permite tener fe, ya que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).
Es por medio del sacrificio del mismo Jesús del pesebre que somos restaurados a una relación de paz con Dios (Romanos 5:1). Esto es, porque por nuestros pecados han hecho separación de nosotros y Dios (Isaías 59:2).
Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras. Tito 2:14
Es el mismo Jesús del pesebre que dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre si no por mí.” (Juan 14:6)

Celebremos la luz verdadera
Al mirar al pesebre, vemos que ahora es posible para nosotras ya no andar en oscuridad, porque Él mismo dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12).
La verdadera Luz y la verdadera celebración de esta época es imposible llevarla a cabo sin un Salvador. Aun así, para muchos la Navidad no es un tiempo para reconocer a El Salvador que ha nacido, porque no han mirado realmente al Pesebre.
Te invito a contemplar el pesebre, a la llegada de la luz verdadera, a un mundo en tinieblas. Y cuando lo veas allí, como nos dice la palabra, “arrepentíos y convertíos, para que nuestros pecados sean borrados.” (Hechos 3:19).
Si ya has visto la luz verdadera de Cristo, vivamos y celebremos como que la luz verdadera ha resplandecido sobre nosotras y ayudemos a otros a hacer lo mismo.
Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. Isaías 60:1

Valeria C. Acevedo
es Doctora en Medicina Alternativa con Enfoque en la Mujer. Vive en Puerto Rico; esposa de Christian Acevedo, madre Luna y Caleb. Esposa de Pastor, sirviendo en la Iglesia Bautista Castillo Fuerte. Ofrece sus servicios en Vera Women’s Health, donde puedes agendar tu citas aquí.
Además, ha publicado el libro 15 Oraciones por Mis Hijos

