Buscando redención (Rut 3)
Habían pasado meses desde aquel primer día en el campo de Booz. Rut había trabajado fielmente durante toda la temporada de cosecha, tanto de cebada como de trigo. Pero ahora la cosecha había terminado, y con ella, la fuente segura de trabajo y provisión.
Noemí, observando la situación, reconoce que es tiempo de tomar acción. Ya no está la mujer amargada que regresó a Belén; ahora es una mujer sabia que busca el bienestar de Rut.
Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien?
Rut 3:1
Noemí entiende algo crucial: a veces, la seguridad que Dios tiene para nosotras requiere que demos pasos de fe que nos sacan de nuestra zona de confort.
Buscando redención
El plan de Noemí es audaz y arriesgado: «Báñate, pues, úngete, vístete tu mejor ropa y baja a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber» (Rut 3:3).
La era era el lugar donde se trillaba el grano después de la cosecha, y era común que los dueños durmieran allí para proteger su cosecha. El plan requería que Rut esperara hasta que Booz estuviera dormido y luego se acostara a sus pies.
Para nosotras, en nuestra cultura, esto puede sonar extraño o incluso inapropiado. Pero en el contexto cultural de esa época, Noemí está guiando a Rut para pedir que Booz actuara como su pariente redentor.
¿Qué es un el pariente redentor?
En la cultura israelita, el pariente redentor (en hebreo go’el) era una figura fundamental establecida por Dios para proteger a las familias en situaciones vulnerables. Esta institución aparece claramente definida en Levítico 25:25-55 y Números 35:19-27.
El pariente redentor tenía responsabilidades específicas: redimir propiedades familiares que habían sido vendidas por necesidad económica (Levítico 25:25), rescatar a parientes que se habían vendido como esclavos (Levítico 25:47-49), y en casos de asesinato, servir como vengador de la sangre (Números 35:19).
Además, según Deuteronomio 25:5-10, un pariente cercano podía casarse con la viuda de un familiar fallecido para preservar el linaje y asegurar la herencia.
Para ser un pariente redentor válido, la persona debía cumplir tres requisitos esenciales: ser pariente de sangre, tener la capacidad económica para realizar la redención, y estar dispuesto a asumir voluntariamente esta responsabilidad. No bastaba con tener el derecho; también se necesitaba el poder y la voluntad de actuar.
La fe de Rut
«Rut hizo todo lo que su suegra le mandó»
Rut 3:6
Esta simple frase encierra un acto de fe extraordinario. Rut está poniendo su reputación, su futuro, incluso su seguridad física, en el carácter de un hombre. Está confiando no solo en que Booz es el hombre recto que aparenta ser, sino en que Dios honrará este paso de obediencia.
Imagínate la valentía que requirió este acto. Rut era una mujer moabita en una sociedad israelita, sin protección legal, sin familia que la respaldara. Si Booz hubiera sido un hombre diferente, las consecuencias podrían haber sido devastadoras.
El momento de la verdad
«Y aconteció que a medianoche el hombre se despertó y se volvió, y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies»(v.8).
Puedo imaginar el susto de Booz al despertar y encontrar a alguien ahí. Su primera pregunta es natural: «¿Quién eres?»
Y entonces viene el momento decisivo. Rut debe explicar por qué está ahí, qué está pidiendo. Su respuesta es directa y valiente:
«Soy Rut tu sierva. Extiende tu manto sobre tu sierva, por cuanto tú eres pariente cercano» (v.9).
Cuando Rut pide que Booz extienda su manto sobre ella, está usando lenguaje simbólico. En esa cultura, extender el manto sobre alguien era un gesto de protección, de compromiso matrimonial. Está pidiendo, esencialmente, que Booz se case con ella según la ley del pariente redentor.
¿Recuerdas lo que Booz le había dicho en el capítulo 2? Que había venido a refugiarse «bajo las alas del Señor.» Ahora Rut, ya dentro de su refugio mayor, le está pidiendo que Booz sea el instrumento humano a través del cual Dios continue proveyendo ese refugio y esa protección.
La respuesta de Booz
La respuesta de Booz revela por qué Dios lo había preparado para este momento:
Bendita seas del Señor, hija mía; has mostrado tu bondad postrera mejor que la primera, por cuanto no has ido tras los jóvenes, sean pobres o ricos.
Rut 3:10
Booz reconoce el sacrificio que representa la decisión de Rut. Como mujer joven, ella podría haber buscado a alguien de su edad, alguien quizás más atractivo según los estándares humanos. Pero eligió seguir la ley del pueblo de Israel, recuerdas de aquel que dijo este será mi pueblo; siguiendo lo establecido por el Dios de Noemí, quien también es su Dios.
El obstáculo legal
En el caso de Rut, la situación era compleja. Como viuda moabita, ella y Noemí necesitaban tanto la redención de las tierras de Elimelec como la protección que ofrecía el matrimonio. Booz cumplía perfectamente los requisitos: era pariente de Elimelec (Rut 2:1), tenía recursos abundantes (Rut 2:1), y demostró su disposición de ayudar desde el primer encuentro (Rut 2:8-16).
Pero entonces Booz revela un detalle que complica las cosas: hay otro pariente más cercano que tiene el primer derecho de redención (Rut 3:12).
Esto debió ser un golpe para Rut. Después de tanto valor para dar este paso, resulta que hay una barrera legal que ella no conocía. Pero Booz no la deja en incertidumbre:
Quédate esta noche, y por la mañana, si él te redime, bien, que te redima; pero si no quiere redimirte, vive el Señor que yo te redimiré.
Rut 3:13
Una promesa sellada
Booz termina su promesa con un juramento solemne: «Vive el Señor». Esta no es una promesa casual; es un compromiso sagrado. Y como prueba de su integridad, Booz se cuida de que la reputación de Rut permanezca intacta: «No se sepa que vino mujer a la era» (v.14). Él entiende que la percepción es importante, especialmente para una mujer en la posición vulnerable de Rut.
Antes de que Rut se vaya, Booz llena su manto con seis medidas de cebada. No la envía con las manos vacías. Incluso en medio de la incertidumbre sobre el futuro, él provee para sus necesidades inmediatas.
Cuando Rut regresa a casa, Noemí está esperando: «¿Cómo te fue, hija mía?» (v.16). Después de escuchar todo lo que pasó, Noemí da un consejo sabio: «Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto, porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy» (v.18).
¿Dónde estas buscando redención?
Esta historia nos da otra imagen hermosa del evangelio. Nosotras, como Rut, estamos en una posición desesperada, sin recursos para salvarnos. Por lo que tenemos que ir ante nuestro Redentor en una postura de completa vulnerabilidad y dependencia, pidiendo que extienda su manto de protección sobre nosotras.
La ley del pariente redentor, prefiguraba la obra redentora de Cristo, quien como nuestro pariente celestial por la encarnación, tiene el poder de redimirnos del pecado, y voluntariamente entregó su vida por nosotros (Hebreos 2:14-17).
Si piensas que es muy arriesgado o que no serás aceptada al acercarte a Cristo buscando redención; déjame recordarte que Él ya conoce todo de ti y ha hecho todo lo necesario para tu redención. Como Booz prometió a Rut, nuestro Redentor celestial ha jurado por su propio nombre que nunca nos abandonará.



