31 de diciembre: una esperanza real
Antes de lo que esperamos llega nuevamente el 31 de diciembre, el último día del año. Día en el que algunos se levantan a preparar la fiesta; día en que algunos lloran la pérdida o la frustración; día en que otros siguen luchando las mismas batallas de los meses anteriores.
El cambio de un dígito en el calendario trae un cierto sentido de esperanza, de que nuestra vida puede cambiar con el sonar del reloj a la medianoche, y estamos a la expectativa del cambio de hora, así como la historia de la Cenicienta.
A los que nos gusta planificar y soñar despiertos, es un momento para trazar nuevas metas. Identificar lo que nos tiene cansados de la vida para buscar y planificar la manera de cambiarlo, de hacer nuestra vida una mejor.
Así surgen las resoluciones: bajar de peso, leer más, libertad financiera, más tiempo en familia, menos trabajo, vacaciones soñadas, hacer más ejercicios, entre muchas otras ideas que se nos ocurren como maneras de instantáneamente cambiar el estado detestable de nuestra vida.
Poco a poco, en conversaciones breves y casuales con mi esposo, hemos estado discutiendo las metas de nuestra familia para este próximo año; la administradora en mí rápido empieza a sacar números y hacer planes, fechas, etc.
La esperanza de una nueva tradición
En medio de estas conversaciones y planificaciones de estas últimas semanas, algo me trajo mucha alegría. Quisimos establecer una nueva tradición familiar para esta temporada: montar un rompecabezas.
Tenía uno de 500 piezas, así que pusimos manos a la obra; todos a su manera colaboraron y logramos montarlo en un día. Claro, sin estar tan pendiente de otras tareas.
La alegría surgió cuando mi esposo me dice: “Me divertí haciendo esto juntos”. Hacía más de un año que no montaba un rompecabezas, y esas palabras me abrieron los ojos a una nueva actividad que podíamos hacer juntos, donde podemos conversar, reírnos y llorar mientras trabajamos juntos en lograr una meta común.
Por lo que con mucho entusiasmo al día siguiente agarramos otro rompecabezas que tenía guardado; este era de 1000 piezas, y comenzamos a trabajar juntos.

Lo que no esperábamos era que iba a ser tan difícil, no por la cantidad de piezas, sino el discriminar qué piezas iban en dónde, ya que todas las piezas parecían ser las mismas, y porque la imagen en la caja no nos ayudaba tanto como esperábamos; y comenzó a llegar la frustración.
Cuando las piezas no hacen sentido
Pensé: “Hasta aquí llegó la tradición de Navidad y el nuevo pasatiempo de pareja que recién descubrimos”.
Nos tomó cuatro días completar la imagen y en esos días dijimos cosas como:
- “Esta pieza está mal, de seguro es la que debe ir aquí; para luego encontrar la pieza correcta”.
- “Estas dos piezas encajan, pero ni idea de dónde van en el rompecabezas”.
- “Aquí hace falta algo para completar la imagen, pero ninguna pieza tiene esa parte.”
Después de seguir trabajando en el rompecabezas, encontrábamos la pieza correcta para cada lugar y el lugar correcto para cada pieza. Descubríamos más piezas que nos ayudaban a saber dónde iban aquellas dos que dudábamos si eran parte del rompecabezas.
Y conseguíamos la pieza que aparentemente no tenía nada que ver con la imagen, pero la hacía completa.
¿Por qué te comparto esto? ¿Qué tiene que ver con el nuevo año?
Una imagen digna y sin error
Mientras probaba cada pieza similar al color de la que necesitaba en un espacio particular, girando cada una hasta cuatro veces sin éxito, en uno de esos momentos lágrimas se acumularon en mis ojos y el silencio fue interrumpido por: “¡Así es nuestra vida!”
Y uno de mis versículos de vida me vino al corazón:
Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes,’ declara el Señor ‘planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11.
Dios tiene una imagen ya establecida de nuestro futuro, de la esperanza para nuestra vida. Una imagen digna de ser armada y enmarcada; pero está en piezas.
¡Cuántas veces he hecho declaraciones sobre personas o situaciones en mi vida como dije de esas piezas!
- “Esto que me está ocurriendo está mal”
- “Esto no es lo que quiero que esté pasando ahora en mi vida”.
- “Esta situación no es parte de mis planes”.
¿Te ha pasado esto?
En muchas ocasiones durante este año que termina, me he cuestionado por qué una situación en particular es parte de mi vida, si según mi perspectiva no aporta nada.
He estado buscando la parte de la imagen que falta, sin encontrarla cuando está semioculta a mis ojos. Cuando surgen oportunidades nuevas, pero no tengo ni idea de por qué aparecen en mi vida.
Pensar que el diseñador del rompecabezas, Thomas Kinkade, se equivocó al pintar la imagen o que la compañía seleccionada cometió un error de impresión es absurdo.
Pero aun así mientras trabajaba en armar el rompecabezas, lo pensé y establecí argumentos con esa base; para unos días después quedaran derribados todos mis argumentos.
De la misma manera, pensar que el Diseñador de tu vida se ha equivocado al crear tu imagen, los planes que tiene para ti, es absurdo.
Cuestionar es parte del proceso; pero te invito a que mantengas tu confianza en Dios; Él conoce los planes que tiene para ti.
Lo más que me impresiona de los planes de Dios, aunque no los entienda y no los vea ajustarse como creo que deben ser, es que son planes de bien, que resultarán en una de las cosas que más anhelo: esperanza.
Esperanza que se traduce en el gozo de la salvación, en la seguridad de que Dios tiene cuidado de nosotros. Ver esa esperanza cumplida no será fácil; cuando pensábamos que habíamos hecho un progreso significativo con el rompecabezas.
Un 31 de diciembre lleno de esperanza
Atendimos otras tareas y mi hija de 2 años se subió a la mesa y se puso a jugar. Así quedó después de que sus pequeñas manos lo tocaran. Mi primera reacción fue ponerlo en una bolsa y guardarlo.
Pero ¿acaso un inconveniente es razón suficiente para abandonar un plan y no llegar a la meta?

Seguramente este año no fue todo lo que esperabas, ni lograste aquello que te propusiste hace 12 meses. Quizás lograste cosas que ni siquiera pensaste en hacer y muchas de las situaciones que al momento no te hacían sentido antes, han comenzado a ser más claras en tu crecimiento y tu formación.
Así ha sido en mi vida; tengo aún muchas piezas que no tengo idea de dónde encajan en la imagen; pero tengo una esperanza real en Cristo.
El rompecabezas que te he mostrado se llama Un Nuevo Día en el Castillo de Cenicienta; no esperes a las doce de la medianoche con la expectativa de que algo va a cambiar instantáneamente.
Ya sea que hoy sea literalmente el 31 de diciembre, o que necesites un nuevo comienzo, mira a este nuevo año o a esta nueva temporada con la esperanza de que Dios tiene planes para ti. Que quizás no hagan sentido desde tu perspectiva, pero desde la de Él en su gracia y misericordia, son planes de bien.




