Revestidos (Colosenses 3:12-17)

En la porción anterior vimos a Pablo exhortando a los colosenses a dejar aquellas acciones que son señales de su vieja vida. Recordándoles que, si han sido resucitados con Cristo, han muerto a estas cosas y las deben sacar de sus vidas para que no sigan dañando su crecimiento y el de los demás. Les recuerda están siendo conformados cada día más a la imagen de Cristo y por tanto deben enfrentar sus ídolos y sus pecados. Mencionamos la importancia de tener relaciones seguras y maduras con otras hermanas para enfrentar estos pecados. 

En los versículos 12 al 17 veremos como Pablo les insta no tan sólo a despojarse y quitarse acciones; pero también a ser revestidos con nuevas acciones que reflejen la nueva vida que hemos recibido en Cristo. Comienza recordándoles que debemos revestirnos de estas nuevas acciones ya que son “escogidos de Dios, santos y amados”; estas expresiones me recuerdan el resumen de Pedro de las consecuencias de la obra redentora de Cristo (1 Pedro 2:9-10) Conocer y entender lo que Cristo ha hecho por nosotras en cuanto al perdón de nuestros pecados; pero también en cuanto a la nueva naturaleza que debemos perseguir, nos debe mover a anhelar revestirnos de esta naturaleza que se nos ha otorgado. 

Revístanse (v. 12-13)  
Al leer la lista de las cuales nos tenemos que revestir, quiero mencionar sólo algunos detalles, pero te invito a que estudies a más profundidad lo que implica cada una de estas, y te hagas preguntas como: ¿con cuál debo trabajar más? ¿Por qué una u otra se me hace más difícil? De la misma manera que al confrontar tu pecado, es beneficioso que tengas mujeres piadosas con quien puedas evaluar tu vida y que te ayuden a revestirte con esta nueva naturaleza. 

Esta lista es algo que no nos van a nacer innatamente debido a nuestra naturaleza pecaminosa, pero al momento en que somos redimidos por la obra de Cristo tenemos lo necesario y el mandamiento de revestirnos con ellas. Este revestirse en un proceso; en el cual primero (como vimos la semana anterior) debemos quitarnos la vieja naturaleza para poder tomar la nueva. Entre estas nuevas ropas esta la tierna compasión, la cual es más que compasión es la que nos mueve ha hacer lo que esta al alcance de nuestras manos e incluso más allá con el fin de servir y ejercitar nuestra fe. Bondad, un carácter apacible en nuestro trato con los demás y cuando recibimos la enseñanza e instrucción del Señor. 

Humildad, mansedumbre y paciencia; estas van de la mano y entiendo que al desarrollar una nos ayudará a crecer mejor en las otras. Debemos ser intencionales en fomentar estas en nuestras vidas. Vemos el perfecto ejemplo de estas características en Cristo, mientras más estudiamos su Palabra más conoceremos su carácter y seremos asombrados de su obra por nosotros y anhelaremos alcanzar lo que el ha pagado por nosotros esta nueva naturaleza. 

Si te invito a mi casa a cenar y te dejo saber que ya todo esta listo, sólo tienes que llegar charlar conmigo y cenar. ¿Dejarías todos los platos intactos? ¿Pasarías la oportunidad disfrutar lo que ya he preparado para ti? Espero que tu respuesta haya sido un no rotundo. Sino dejaríamos pasar la oportunidad de un banquete terrenal pasajero preparado para nosotros; cómo dejaremos pasar un banquete espiritual que nuestro Redentor ha preparado por nosotras. Cristo se entrego a sí mismo para que podamos ser revestidas de las características que el ha desplegado, cómo habremos de rechazarlas. 

Soportándose unos a otros y perdonándose (v. 13-14)
En el tema del perdón podemos abundar muchísimo pero en esta ocasión solo quiero mencionar tres cosas. Primero, Pablo le esta escribiendo a la iglesia diciéndoles que tienen que soportarse los unos a los otros. El hecho de que seamos redimidos y hermanos en la fe, no quiere decir que tendremos relaciones perfectas o color de rosa. Cada uno de nosotros estamos en el proceso de desechar y revestirnos y en ese proceso podemos ser heridos o herir a otros; pero como resucitadas en Él debemos soportarnos y perdonar. 

Segundo, este perdón no viene de la nada; sino como respuesta al perdón que hemos recibido en Cristo, no hay argumento mayor para ayudarnos a ofrecer perdón que recordar y meditar en cuanto perdón hemos recibido nosotros. Además de que si el Señor a perdonado a mis hermanos como no he de hacerlo yo por ellos. Nuevamente hay muchos factores y matices que podemos evaluar; pero el principio del perdón es el mismo; perdonamos como Cristo nos perdono a nosotros. 

Tercero, el perdón y la comunión unos con otros provienen del amor que nos une y nos hace una familia. El amor que primero recibimos de Dios, y que debemos reflejar y mostrar a otros. En muchas ocasiones estas ideas de perdón y comunión se nos hacen difíciles de entender ya que no son naturales a las relaciones humanas; por lo que es importante recordar que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz, ahora somos parte del reino de Dios, y en su reino los principios y expectativas son diferentes a lo que estamos acostumbrados. 

Nuevas Prioridades (v. 15-17)
En los próximos versículos Pablo nos exhorta a tener dos nuevas prioridades, la paz y la Palabra de Cristo en el contexto de la iglesia. La paz de Cristo debe reinar en nuestros corazones, siendo honestas fácilmente permitimos que cualquier cosa nos quite la paz, Pablo nos recuerda que esta paz no es algo opcional, fuimos llamados a vivir y disfrutar esta paz, una clave para que la paz reine en nuestros corazones es el agradecimiento. Mientras somos agradecidos por lo que hemos recibido y de lo que Dios nos ha rescatado; mantendremos la paz como parte principal en nuestra vida como hijos de Dios. 

La Palabra de Cristo debe abundar en nuestras vidas, por medio de la enseñanza la amonestación, los salmos, himnos y nuevamente con acción de gracias. Estas acciones deben ser realizada no individualmente, pero en conjunto con nuestros hermanos. Es esta comunión en la Palabra la que nos ayudará a mantenernos enfocados en la Verdad y no ha ser distraído o engañados por las sutilezas de los hombres. Además, nos proveerá el aliento y la amonestación necesaria para que sigamos siendo conformadas a la imagen de nuestro Redentor. 

Pues es en Él y para Él que debemos hacer todo lo que hagamos, es la última exhortación de Pablo, “todo lo que hagan, de palabra o hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.” (v. 17) Vivamos en agradecimiento del amor y la libertad que hemos recibido en Cristo Jesús. 

Es mi oración que el Señor nos guíe en el proceso de crecer y ser conformados a su imagen, mientras crecemos junto a nuestra iglesia local. Si deseas estudiar más en detalle sobre las características mencionadas en esta porción, te invito a estudiar las Bienaventuranzas en el Sermón del Monte (Mateo 5:1-16). 

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