Escondidos con Cristo en Dios (Colosenses 3:1-11)

La semana pasada estuvimos viendo como debemos tener cuidado de no ser defraudados de lo que ya Cristo ha pagado por nosotros. Fuimos advertidas de no dejarnos engañar por aquellas cosas que tienen apariencia de piedad, pero carecen de valor alguno en contra la carne. En la primera parte del capítulo 3 veremos como estamos escondidos en Cristo y lo que esto implica de forma más practica en nuestras vidas. 

Utilizando el lenguaje del capitulo 2 Pablo recuerda que ya hemos muerto (a nuestros delitos) y estamos escondidos con Cristo en Dios, hemos resucitado con Él. Por esta razón debemos cambiar la meta que tenemos, debemos cambiar donde fijamos nuestros ojos, debemos mirar a Cristo, pues es de Él que proviene nuestro premio y la renovación de nuestra vida. También nos recuerda que a pesar de que aún no estamos en gloria (v.4) nuestra vida de este lado de la eternidad debe tener cambios. 

De una manera u otra te debes haber enfrentado al olor de la muerte, ya se un animal o una comida. En ocasiones estamos en casa y podemos percibir un olor desagradable sin encontrar su origen hasta que vemos unas frutas dañadas en la nevera o la alacena. ¿Qué vas a hacer con ellas? ¿Las vas a dejar en el mismo lugar que estaban? ¿Las colocarías de centro de mesa? Puedo imaginar tu cara de disgusto al imaginarte esto, la respuesta debe ser sencilla, las tirarías a la basura. Ten en mente esta ilustración mientras Pablo nos confronta.

Enfrentemos nuestra idolatría (v. 5-8)

Pablos nos exhorta a vivir “como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría.” (v. 5) Un muerto no puede practicar ni disfrutar de nada, en este caso Pablo nos exhorta a que revisemos nuestras actitudes y acciones, para desechar aquello que no conviene, aquello que nos esclaviza. Cristo ya pago nuestra deuda para que seamos libres de estos pecados, ¿Por qué nos vamos a aferrar a ellos, si son como frutas podridas en la alacena? 

Me llama la atención como Pablo resume estas cosas a las que debemos morir como idolatría, evalúa cada una de ellas y se honesta con el Señor en identificar a cuáles prácticas te estas aferrando. Cada una de ellas son un reflejo de cuando ponemos a otras personas, otras cosas o a nosotras mismas en el lugar que le corresponde a Dios. Los ídolos no son fáciles de derrumbar por lo que es necesario que seas honesta y proactiva, busca mujeres piadosas con las que puedas hablar de tus luchas y que te animen con la Palabra de Verdad, para que las puedas desechar. 

Aunque hemos andado en estas cosas (v. 7) y podemos estar tan acostumbrados a ellas, debemos desechar y eliminarlas de nuestra vida, como muertos.  El otro aspecto que Pablo menciona en el versículo 8 es el lenguaje ofensivo, y esto no es tan solo palabras soeces, sino también palabras hirientes, cuando hablamos para hacerle daño a alguien o para humillarles, conversaciones de doble sentido, faltas de respetos, etc. Expresiones que se las podemos atribuir fácilmente a nuestra personalidad, pero por las cuales Cristo al morir en la cruz nos ha dado el poder para de nuestra vida. 

Dejen de mentirse los unos a los otros (v. 9-11)

Si hemos escuchado la Palabra de Verdad y creemos en el sacrificio de Cristo, hemos recibido vida juntamente con Él y comenzamos a desechar al viejo hombre, pero no nos quedamos ahí comenzamos a ser renovados a Su imagen. En el versículo 11 nos dice que en esa renovación no hay distinción de persona, todos tenemos que pasar por ella y nada nos da ventaja en el proceso solo nuestra fe en Cristo. 

Pablo exhorta a los colosenses a dejar de mentirse, como hermanas en la fe, debemos entender y reconocer el proceso en el que estamos de desechar los malos hábitos y ser renovadas. Este proceso no se da de la noche a la mañana es una lucha constante, y en el proceso con demasiada frecuencia hacemos todo lo posible por esconder nuestras luchas con nuestros malos hábitos. Es mucho más fácil y “seguro” (para mantener las apariencias) que pida oración por fortaleza en ves de ser sincera y ponerle nombre a mi pecado de impureza, por ejemplo. 

Es más vergonzoso ponerle nombre a nuestro pecado, pero, así como al momento en que identificamos de donde proviene el mal olor en la cocina y nos deshacemos de la fuente. 
Necesitamos identificar nuestro pecado y deshacernos de él, mientras neguemos las verdaderas razones de nuestra debilidad, ¿cómo podremos ser renovadas a la imagen de aquel que murió por nosotras? Tengo que recalcar que esto lo debes hacer con mujeres piadosas y maduras, ancianas como las que se describen en Tito 2, que te instruyan en honrar la Palabra de Dios. 

Es mi oración que puedas encontrar un lugar seguro con mujeres piadosas y prudentes con las que puedas sincerar tu corazón y que puedan ayudarte a caminar en este proceso de renovación, recordándote que estas escondida en Cristo. Oremos también para que mientras vamos creciendo en este proceso de santificación, podamos proveerle a otras mujeres un espacio seguro para que puedan enfrentar sus pecados y crecer en la nueva vida que tenemos en Cristo; para que seamos conformados a su imagen cada día. (v. 10)

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