Despierta Alma Mía: Semana 31 (Salmos 129 al 133)

Salmo 129: Plegaria por la Caída de los Enemigos de Sion

Este salmo junto a otras porciones de la Biblia (por ejemplo, los salmos 35, 54 y 94) en las que se pide la destrucción de los enemigos o de los injustos, pueden ser un poco incomodas al punto que desearíamos pasar por ellas rápidamente. Al leer y meditar en este Salmo después de una noche difícil me ha llenado de esperanza. ¿Por qué? Primero, porque me recuerda que la aflicción, los problemas, la persecución, no son nada nuevo en la humanidad, y mucho menos en la historia de la Iglesia. Pero lo más importante me recuerda que Dios está con nosotras como prometió hasta el fin del mundo; y no nos dejará solas ni permitirá que nuestros enemigos prevalezcan contra nosotras.

Segundo, me recuerda lo privilegiada que soy. Pues aquellos que no tienen una relación con Dios, los que serán avergonzados, dice el salmista no maduran. El comentarista que estoy leyendo dice que estas personas que no reconocen a Dios no conocen tampoco su amor, no tienen una comunicación por medio de la oración, no tienen ninguna esperanza duradera, y mucho menos el gozo de la salvación. Nosotras al poner nuestra fe en Cristo, al reconocer que hemos sido justificadas por su obra en la Cruz; tenemos estos privilegios y aún más. En fin, este salmo me recuerda que Dios juzgará a aquellos que le odian, pero también me recuerda lo inmerecido que es la justificación que recibimos en Cristo y por lo tanto me es un motivo para abrir mi boca en adoración.

Pensemos…

¿Te llena también este Salmo de confianza? ¿Cuánto te asombra la gracia de Dios por medio de la cual recibimos la justificación? ¿Cómo afecta esto tu vida?

Oremos…

Dios, que cada día seas tú nuestra confianza, que pongamos en ti nuestra esperanza. Asómbranos con tu amor y que el mismo nos impulse a servirte y honrarte en todo lo que hagamos.


Salmo 130: Clamor de un Pecador

Cada vez que leo este Salmo hay algo más que me asombra y me conmueve el corazón. Les compartiré dos de ellas, la primera es que Dios nos ha perdonado. Por esa razón podemos permanecer; si no fuera por el perdón de Dios, al estar sumergidas en nuestro pecado sin poder dominarlo; no podríamos está cerca de Dios, ni comunicarnos con él ni recibir su amor.

Recuerdo antes de conocer lo que Dios había hecho por mí, vivía una vida tranquila pero vacía, sin sentido. Me enfrentaba a ir a la universidad sin saber qué hacer con mi vida, me ilusionaba románticamente sin saber en realidad que esperaba, todo esto consecuencia de mi pecado. Pero al conocer y empezar a entender como fui perdonada; todo cambio, mis acciones y decisiones tenían un propósito pues había sido perdonada y había sido amada.

La segunda es que en Dios recibimos el descanso, para nuestras almas y cuerpos cansados. El centinela, es aquel soldado que vela sobre las murallas de la ciudad u otro lugar estratégico; dice el salmista, que nuestra alma debe esperar en el Señor más que esos soldados a la mañana cuando termina su turno. Debemos cada día en medio de nuestros afanes, angustias y trabajo; poner nuestra esperanza en el Señor; más que en el momento en que caemos rendidas en la cama; más que en el baño que nos relaja; más que en el plato que nos quita el hambre. En el Señor tenemos el descanso para nuestras almas y el perdón para nuestros pecados. ¡Aleluya!

Pensemos…

¿Ha sido transformada tu vida al conocer el perdón que has recibido de Dios? ¿Descansas en Él o aún andas corriendo buscando descanso en otras cosas? Si aún no has comprendido cuan gran perdón haz recibido, ¿con quién puedes conversar para que te guie a entenderlo mejor?

Oremos…

Dios de nuestro descanso, abre nuestros ojos espirituales para que veamos y entendamos lo que has hecho por nosotros y para que vivamos rendidos a ti. Rodéanos de tu iglesia, para que seamos edificadas en tu verdad y exhortadas a vivir para ti.


Salmo 131: Humilde Confianza en Dios

La ilustración de este salmo de un niño destetado en el regazo de su madre me hace pensar tanto en la forma en la que espero en Dios. Normalmente espero, pero con desespero, con unas fuertes ansias de saber que va a pasar. Pero el salmista nos dice que debemos esperar como un niño destetado, un niño calmado en los brazos de su madre. Leyendo otras versiones dice un niño que ya ha tomado leche, que está satisfecho (NVI), o que descansa en los brazos de su madre sin llorar por ser alimentado (NTV).

A Mirelix Noelle tuve la oportunidad de lactarla por más tiempo que a los chicos y recuerdo su llanto por ser alimentada; y luego de saciarse como se dormía en mis brazos y su cara de tranquilidad. Aunque ya no está siendo lactada, aún me llora para que la cargue y solo quiere recostar su cabeza en mi pecho y sentir que está cerca. Usualmente, deja de llorar y comienza a reír, se calma y espera lo que este por venir. Seamos con niñas en los brazos de nuestro padre, con la confianza de que ahí seremos satisfechas de toda necesidad, esperemos en paz y refugiemos en nuestro padre.

Pensemos…

¿Cómo esperas en Dios? ¿Buscas tu satisfacción y tu paz en sus brazos?

Oremos…

Señor, que difícil se nos hace esperar, ayúdanos a como los niños reconocer de donde proviene el alimento que necesitamos y dónde está la seguridad que tanto anhelamos.


Salmo 132: Plegarias por el Santuario

Hay muchos detalles en este salmo, pero quiero enfocarme en el anhelo de David de hacer una morada al Señor en medio de su pueblo y la seguridad en que Dios cumpliría su promesa de un reinado eterno. Ambas cosas van de la mano y se cumplen en la vida y obra de Jesús. El anhelo de David era que la presencia de Dios no se apartará de su pueblo, pero el templo que anhelaba que lo construyó Salomón fue destruido, y los demás también. Aún nuestros templos de hoy día pueden ser destruidos, pero Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros, Dios hecho hombre se convirtió en la morada de Dios en medio nuestro y nos lo ha dado a conocer. (Juan 1:14,18)

Cuando el ángel le anuncia a María sobre la llegada de Jesús, hace una declaración muy importante. Los judíos han estado esperando al rey que los libre de todo su pesar y el ángel proclama: “este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios Le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32-33) La promesa de Dios cumplida en Jesús, un reino eterno en el cual tú y yo tenemos parte. La oportunidad y el privilegio de tener una relación cercana con Dios, por medio de la obra de Jesús.

Pensemos…

¿Eres parte del reino de Dios? Si lo eres, ¿reconoces el privilegio de tener una relación personal, de habitar con Dios?

Oremos…

Asómbranos Señor de tu amor, por medio de la obra redentora de Cristo, de su reinado eterno, del privilegio que tenemos en que lo hayas enviado a habitar en medio nuestro y proveernos el camino para habitar junto a ti por la eternidad.


Salmo 133: Excelencia del Amor Fraternal

Este salmo nos lleva a reflexionar en la idea o la imagen que tenemos de la iglesia. No estamos hablando del templo o el edificio, sino de la comunidad de creyentes que se reúnen en distintos lugares como el cuerpo de Cristo. Si has puesto tu Fe en la obra de Cristo, eres parte de la Iglesia. ¿Qué te provoca el pensar verte con tus hermanos en la fe? Dice el salmista que ese encuentro de los hermanos es una experiencia buena y deliciosa.

Cuando nos reunimos a adorar a Dios, a compartir los unos con los otros, a orar juntos, a crecer en el conocimiento de su Palabra para ser retados y edificados juntos; debe ser algo que los que no son creyentes deben ver y anhelar. ¿Lo anhelas tú? Nuestra intimidad con el Señor y nuestros momentos a solas con él son importantes y necesarios, pero hay una bendición diferente que recibimos cuando nos unimos como iglesia. La vida se puede complicar, pero si decimos amar a Dios, creer en lo que ha hecho por nosotras, debemos anhelar habitar junto a nuestra familia de la fe.

Pensemos…

¿Qué lugar tienen en tus prioridades el congregarte? ¿Qué razones o excusas tienes para no congregarte? ¿Has gustado de la bendición de habitar en la familia de la fe?

Oremos…

Señor, ayúdanos a amar la Iglesia, abre nuestros ojos para ver que si hemos creído en ti, SOMOS LA IGLESIA, y haznos anhelar el gustar de la hermosura de tener una familia extendida. Ayúdanos y exhórtanos a vencer nuestras excusas para acercarnos a tu cuerpo y tu Iglesia.


A menos que se indique lo contrario citamos la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy. En ocasiones haremos referencia a un comentario por W. S. Plumer titulado Psalms publicado por The Banner of Truth Trust en 2016.
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