Despierta Alma Mía: Semana 18 (Salmos 86 al 90)

Salmo 86: Salmo de Súplica y Confianza

Diariamente son muchas las situaciones a las que nos enfrentamos que nos dividen el pensamiento y hasta el corazón. Sean estas situaciones personales o de familiares; sucesos en el trabajo, relaciones heridas, necesidades financieras, la incertidumbre del futuro, etc. Nuestro corazón se hace pedazos por la preocupación, por el miedo y la frustración; en nuestra mera humanidad no vemos ninguna posible solución y andamos divididas.

El salmista nos invita a clamar: “Enséñame, oh Señor, Tu camino; Andaré en Tu verdad; Unifica mi corazón para que tema Tu nombre.” Dios es el único capaz por medio de su Verdad (Su Palabra) de unificarnos, de juntar todas nuestras piezas hasta aquella que parecen no se ser parte de nuestra vida. Él es quien nos da el gozo que sobrepasa cualquier situación, recibimos ese gozo mientras experimentamos su misericordia y fidelidad. ¡Sea el Señor nuestro gozo día tras día!

Pensemos…

¿Qué situaciones tienen dividido tu corazón? ¿Has entregado esas situaciones a Dios y buscas descansar en su misericordia y fidelidad?

Oremos…

Señor, cuantas veces trato de resolver mis problemas a mi manera, para terminar herida y destruida con la angustia y frustración, enséñanos a descansar en ti, a buscar tu Verdad para que por medio de ella seamos restauradas y respondamos en alabanzas.


Salmo 87: Privilegios del Ciudadano de Sion

Recordemos que los salmos son canciones escritas para la realidad que estaba viviendo el pueblo de Dios, que apelan a una situación particular, pero al mismo tiempo apelan a una Verdad eterna por ser parte de la Palabra Inspirada de Dios. Una verdad que necesitamos conocer y atesorar. Tanto Sion como Jerusalén, son lugares que en el Antiguo Testamento estaba directamente relacionado con la presencia de Dios. Y en aún en los evangelios vemos que el pueblo volvía a Jerusalén para adorar. Por esto los salmistas veían a Sion como una fuente de gozo y seguridad.

Hoy para aquellos que creemos en la salvación provista por Jesús nuestro gozo y seguridad provienen de Dios mismo, sin la limitar el lugar donde estemos. Como resultado de esa salvación tenemos una esperanza de disfrutar de la nueva Jerusalén que Juan describe en el Apocalipsis. Para disfrutar de esa nueva ciudad donde habitaremos con Dios, debemos ser nacidos de nuevo, por medio de nuestra fe en Jesús. (Juan 3) Que se diga de nosotras: “Está nació allí”, a los pies de la cruz.

Pensemos…

¿Has nacido de nuevo, has puesto tu fe en la obra redentora de Cristo? ¿Anhelas esa nueva ciudad donde habitaremos eternamente con Dios?

Oremos…

Señor, ayúdanos a entender como el salmista, el privilegio de haber nacido de nuevo y de ser ciudadanos de la nueva Jerusalén. Del privilegio de ser llamadas tus hijas, de haber sido llamadas a la vida eterna, de tener en ti una fuente de gozo.


Salmo 88: Oración Pidiendo Ser Salvo de la Muerte

Tome una clase del Antiguo Testamento en la que estudiamos aquellas profecías acerca del Cristo/Mesías y como este las cumplió. Aunque esto no es una profecía no puedo dejar de ver la contestación a las preguntas del Salmista en Cristo. Lee nuevamente los versículos 10 al 12: “¿Harás maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos y Te alabarán? ¿Se hablará de Tu misericordia en el sepulcro, Y de Tu fidelidad en el Abadón (lugar de destrucción)? ¿Se darán a conocer Tus maravillas en las tinieblas, Y Tu justicia en la tierra del olvido?”

¡Sí! Dios hizo maravillas a los muertos, Jesús, quien murió en la cruz se levantó para glorificar al padre; después de las tinieblas, despertó el Sol de Justicia. Hoy miramos a la cruz lo que era un símbolo de maldición y vemos la mayor expresión de la misericordia y fidelidad de Dios. De igual forma a los que hemos puesto nuestra fe en Cristo, un día nos levantaremos para alabarle. (1 Tesalonicenses 4:16) Se me saltan las lágrimas al pensar en que el salmista clamaba por una liberación inmediata y nosotras hemos recibido una libertad total por medio de Cristo.

Pensemos…

¿En medio de las dificultades, puedes disfrutar que has sido salvada de la muerte eterna?

Oremos…

Gracias Señor por tu misericordia; recuérdanos que a pesar de que necesitemos resolver múltiples situaciones en nuestras vidas, ya tu nos has salvado de la muerte y aunque nuestros cuerpos duerman, nos levantaremos para alabarte.


Salmo 89: El Pacto del Señor con David, y las Aflicciones de Isarel

Este salmo hace un recuento de las promesas de Dios hacia David; sobre su reinado y como Dios iba obrando para el cumplimiento de esa promesa. Pero al mismo tiempo utiliza ese recuento para reclamarle porque ha dejado de mostrar su fidelidad. ¿Has estado en esa situación? En la que sabes lo que Dios te ha prometido, pero no ves como Dios va a cumplir su palabra.

Por medio del salmista Dios nos recuerda dos cosas. Primero que Si desobedecemos a Dios veremos las consecuencias o la disciplina de nuestra desobediencia. Segundo, aun así, Dios no olvidará su misericordia ni dejará de ser fiel. Las circunstancias difíciles son una consecuencia de nuestras acciones o el medio que Dios utiliza para seguir formándonos. Pero lo que más necesitamos recordar es que no importa la razón de las mismas; Dios sigue siendo fiel, justo y misericordioso.

Pensemos…

Has un recuento de la obra de Dios en tu vida y reflexiona en cómo ha mostrado su fidelidad y misericordia a tu vida aún en medio de los momentos difíciles.

Oremos…

Señor, tu eres fiel, Dios de Justicia, Misericordioso; necesitamos descansar cada día más en ti, sobre todo en nuestros momentos más difíciles. Ayúdanos a entender que las dificultades deben hacer nuestro carácter más semejante a Cristo.


Salmo 90: La Eternidad de Dios y lo Transitorio del Hombre

Culminamos esta semana pensando en la fragilidad de nuestra vida, cuando la comparamos con la eternidad. ¿Te has puesto a pensar que todo para lo que tanto trabajamos y nos esforzamos, un día dejara de ser?  Aún aquel legado o herencia, que estemos preparando para dejarle a nuestros hijos también dejará de ser. Una de dos o ellos morirán y nos las disfrutarán o las cosas no durarán toda su vida. Lo único que es desde antes de que todo existiera y que permanecerá para siempre, es Dios.

Por lo que le debemos pedir al Señor que nos dé esfuerzo para trabajar en nuestra relación con Él. Pues esa relación es lo único que tendremos por la eternidad, o lo único que añoraremos por la eternidad si no la aseguramos. De igual manera el conocimiento y la relación con Dios es la única herencia que le podemos dejar a los demás que realmente tenga valor y duración. Contemos nuestros días con la perspectiva de nuestra relación con Dios, no basadas en aquellas cosas que perecerán.

Pensemos…

¿Qué planes tienes para tu futuro? ¿Los has contemplado a la luz de la eternidad? ¿Merecen todos tus esfuerzos o hay planes eternos que debes considerar?

Oremos…

Señor, este mundo nos llama, y nos arrastra hacia lo pasajero, llenándonos de mentiras para creer que podremos alcanzar un valor incorruptible fuera de ti. Dirígenos a cambiar nuestras prioridades y ver tu eternidad y contar nuestros días para que nuestro corazón se llene de gozo al saber que un día reposaremos en ti.


A menos que se indique lo contrario citamos la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy. En ocasiones haremos referencia a un comentario por W. S. Plumer titulado Psalms publicado por The Banner of Truth Trust en 2016.
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