Sembrando para cosechar frutos eternos

Muchas familias anhelan que llegue el fin de semana, pues es el tiempo donde pueden completar las compras o disfrutar en familia. Para nuestra familia los fines de semana son más ocupados y podría decir que hasta más caóticos. Luego de todos los compromisos de lunes a viernes, todavía el sábado hay muchas cosas pendientes que completar para nuestras reuniones de los domingos. Próximamente les compartiré un poco más de los retos de la plantación de iglesia que hemos experimentado en estos pasados tres años; por hoy acompáñame en este fin de semana.

Días como este pasado domingo en el que asistimos al servicio en inglés y después nos preparamos para nuestro servicio en español; con tres niños que esperan comer cada 10 minutos y en ocasiones corren como si estuvieran en el parque; (sí, tema para otro día jaja) es aún más complicado y muy probable que hayamos olvidado algo en la casa. Así que después de un minuto tratando de determinar si realmente debo tomar las llaves, montarme en la camioneta, manejar a la casa y buscar las cosas que hacen falta y regresar a seguir con las tareas que debía estar haciendo. Una mirada de mi esposo es la bandera de arranque para mi nuevo intento de romper el récord, de dicha carrera.

Mientras manejo, estoy desarrollando un plan de la manera más eficiente de correr por toda la casa buscando los objetos perdidos, (que en ocasiones ni recuerdo donde están) mientras veo la puerta del garaje abrir, veo a unos pies de distancia a mi vecina saludándome con una mano, una enorme sonrisa y en su otra mano unas hermosas flores. Aquí estoy yo corriendo, más mental que físicamente, cansada aún antes de comenzar nuestra mayor tarea del domingo, el servicio de adoración, tratando de romper un récord que yo misma me he impuesto. Allí esta ella, con su garaje abierto, sus bolsas de tierra, sus plantas por sembrar, limpiando el frente de su casa, disfrutando su día libre. Luego de responder su saludo en un micro segundo con una sonrisa, volar por mi casa, manejando de regreso; me doy cuenta de lo curioso de esta escena.

¿No ves nada curioso? Hace exactamente siete meses atrás, ocurrió esta misma escena, con unas pocas variaciones. Era el domingo de nuestro primer aniversario y la tensión era aún mayor; y sí tuve que regresas a casa, ese día establecí el tiempo récord. Segundo, respondí el saludo de mi vecina sin muchas ganas; pues al verla allí sembrando sus hermosas plantas, mi corazón se llenó de frustración y honestamente de envidia. En unos segundos pasaron tantas cosas por mi mente: “si yo estuviera sembrando plantas, también estaría igual de contenta”; “¿para qué está sembrando si ya pronto llega el invierno?” En cuestión de segundos deje de pensar en ella y en sus plantas; y comencé a quejarme, de no tener tiempo libre; de todas las tareas que tenía que completar; de no poder disfrutar de un domingo “libre”, entre otras.

Mientras manejaba de regreso, y trataba de olvidar lo que había pasado y enfocarme nuevamente en lo que debía hacer al estacionarme y entrar al templo. Dios interrumpió mi rabieta y mis reclamos, con la siguiente pregunta: ¿Qué haces durante la semana? ¿Qué haces todos los domingos? ¿Qué estas a punto de celebrar? Luego de un silencio de mi parte, con lágrimas en mis ojos contesté: “Estoy por celebrar un año de estar sembrando; sembrando Tu palabra.” Tal como lo enseño Jesús en la Parábola del Sembrador, todo este tiempo hemos estado sembrando la semilla, viendo diferentes resultados. (Mateo 13)

De esa manera el Señor confrontó y confortó mi corazón antes de celebrar nuestro primer aniversario. ¿Por qué anhelar estar sembrando flores, que ni siquiera se cuidar, cuando tengo el privilegio de sembrar la semilla de su Palabra? Aún pienso que ese día era un poco tarde para mi vecina sembrar, la temperatura comenzaría a cambiar y adiós hermosas flores. Lo que me lleva a pensar: ¿Por qué envidiar unas flores que están por morir, sí he sido llamada a sembrar para cosechar frutos eternos? En el afán de todas las cosas por hacer, del ministerio y de la familia; en medio de las desilusiones y del dolor; no olvides que has sido llamada para la hermosa tarea de sembrar, la semilla de la Palabra de Dios.

Ya sea que te guste sembrar plantas o no, esta tarea a la que hemos sido llamadas no la debemos abandonar y debemos realizarla con regocijo. Pues no tenemos que esperar a la temporada de sembrar; pues como Pablo exhorto a Timoteo debemos sembrar esta semilla a tiempo y fuera de tiempo. (2 Timoteo 4:2) Pues, aunque veremos que los resultados serán diferentes, descansamos en que Dios es quien da el crecimiento. (1 Corintios 3:6) Plantar, sembrar, regar, abonar, sacar hierbajos, esperar por el fruto; no son tareas que las completaremos en tiempo breve. Anhelo ver el fruto de la semilla sembrada en los niños cada domingo, pero quizás algunos de esos frutos no sean visibles a mis ojos. Pero este pasado domingo, mi corazón fue recordado de que soy privilegiada de tener la encomienda de sembrar, para cosechar frutos en la eternidad.

Anuncios

Comparte tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s