Despierta Alma Mía Semana 8 (Salmos 36 al 40)

Salmo 36: La Maldad del Hombre y la Misericordia de Dios

No tenemos que buscar mucho para confirmar las palabras del salmista en los primeros cuatro versículos; la maldad del ser humano la podemos corroborar fácilmente. En algún momento de nuestra vida hemos estado de uno o de estos dos lados; engañando o siendo engañadas. Fácilmente podemos comprender las descripciones del salmista en cuanto a la humanidad, pero en el versículo cinco comienza a retar nuestra imaginación. “Tu misericordia, oh Señor, se extiende hasta los cielos, tu fidelidad, hasta el firmamento.” La misericordia de Dios no tiene fin y es hermosa. Su fidelidad es igual de impresionante y de extensa. Es esa extensión y belleza la que hace deseable el refugiarnos en la presencia de Dios.

Al leer el versículo 7 sobre el refugio que nos es Dios, viene a mi mente la imagen de un niño refugiándose en sus abuelos. ¿Recuerdas cuando lo hacías? ¿Has visto a un niño hacerlo recientemente? La seguridad con la que se acercan sabiendo que recibirán mucho más de lo que merecen o esperan. Así cuando las cosas se ponen difíciles, tenemos un lugar donde refugiarnos, bajo las alas del Señor. Donde seremos saciados, no tan solo nuestra necesidad temporal, sino nuestra necesidad eterna. Por medio de Jesús, la luz del mundo, el agua que sacia nuestra sed. Refugiémonos en Él y seremos verdaderamente saciados, de paz, de gozo, de verdad, de gracia, de salvación.

Pensemos…

 ¿Te refugias en el Señor con la seguridad que serás saciada? Piensa por un momento como el Señor te ha mostrado su fidelidad y misericordia en el último mes, en el último año, etc.

Oremos …

Señor ayúdanos a entender un poco más cuán grande es tu misericordia y a confiar en ti como nuestro refugio en el que encontraremos todo lo que necesitamos.


Salmo 37: EL justo y el problema del mal

Recuerdas alguna ocasión en la que has pensado con enojo, “como es posible, que esta persona tan __________ (algo negativo) esté viviendo tan tranquila y con tantas cosas; mientras yo no tengo para…” Este Salmo nos hace reflexionar en los días que esos pensamientos nos abrumen y nos prepara para no detener nuestros pensamientos ahí. Comienza exhortándonos: “no te irrites, no tengas envidia” Nos deja claro de muchas maneras que los injustos, los malos tendrán su debida recompensa delante de Dios. Y nos da la esperanza de que igual forma tendremos nosotros nuestra recompensa por nuestra justicia delante de Dios.

Ahora lee el salmo nuevamente y subraya o haz una lista de los principios de vida que enseña el salmista entre ellos: pon tu delicia en el Señor, encomienda la Señor tu camino, se compasivo, presta, da, apártate del mal y haz el bien, entre otras. Me llena de paz que mientras nos esforzamos por vivir de esta manera y de honrar al Señor por medio de nuestras acciones Él es nuestra fuerza aún en los momentos más difíciles. Así que cuando en tu corazón empiecen a surgir esos pensamientos de malestar: reflexiona en esto y procura vivir cada día en justicia.

Pensemos…

Piensa en que acciones puedes tomar para ajustar tu vida a caminar en justicia y al mismo tiempo regocijarte en tu refugio en Dios.

Oremos …

Señor quita de nosotras la envidia y la insatisfacción; llénanos de pasión por ti y abre nuestros ojos para ver que todo bien que podamos anhelar proviene de ti.

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Salmo 38: Oración del Pecador Contrito

En esta ocasión el salmista nos recuerda y nos mueve a reflexionar en algo que a pesar de que lo experimentamos cada día, de alguna manera u otra tratamos de ignorar: el peso y las consecuencias de nuestro pecado. Es necesario que seamos conscientes de que nuestro pecado es una realidad con la que tenemos que batallar. Delante de Dios no hay pecados mayores o menores; todo aquella acción o actitud que le reste su Gloria es inaceptable ante su santidad. Al igual que el salmista debemos reconocer el peso de nuestro pecado, como nos lastima y nos agota; para que podamos arrepentirnos sinceramente y clamemos por fuerzas para luchar en contra ellos.

Podrías preguntarte por qué es importante reconocer esto; para que el Evangelio no deje de ser lo más importante en tu vida. Creer en Dios no es simplemente un boleto al cielo; es el deseo de vivir para su gloria y de este lado de la eternidad eso significa una lucha constante contra el pecado. Hoy el Salmo nos reta a identificar nuestros pecados y pelear la buena batalla de la fe. La mejor noticia es que no debemos temer al enfrentar nuestro pecado por dos razones: Él no nos deja solos y ya hemos sido perdonadas.

Pensemos…

 Te invito a reflexionar para que identifique ese peso; si no lo sientes, ora para que Dios abra tus ojos espirituales para que puedas ver dónde y cómo se manifiesta.

Oremos …

 Señor fortalécenos en nuestra debilidad, ayúdanos a no esconder nuestro pecado, si no a enfrentarlo rindiéndolo en la cruz, dónde encontramos el perdón y las fuerzas para seguir.

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Salmo 39: Vanidad de la Vida

Al reflexionar sobre la vida el salmista trae a nuestra atención dos temas: nuestras palabras y nuestra fragilidad. ¡Qué difícil es saber cuándo hablar y cuando callar! Una de las maneras de conocer si es apropiado decir lo que estamos pensando, ya sea positivo o negativo, es examinar los motivos en nuestro corazón. ¿Me motiva el amor o el enojo? ¿Quiero ayudar a la otra persona a crecer o simplemente ofender? El señor nos ayude y nos de sabiduría para controlar nuestra lengua.

El segundo tema es la fragilidad de nuestra humanidad, si a alguien le gusta planificar es a mí; sin embargo, debemos planificar con la eternidad en mente y no con este mundo temporal. Si algún efecto debe tener todas las noticias y predicciones del fin del mundo, es hacernos reflexionar en cual perspectiva tenemos en nuestro diario vivir. Vivamos para la eternidad sin aferremos a las cosas materiales y al futuro en esta tierra, pues nuestra esperanza es un futuro aún más glorioso. Nuestra cultura nos empuja a la vanidad, tomemos el reto de vivir cuidado nuestros motivos al hablar y sin olvidar que somos extranjeros en esta tierra.

Pensemos…

 Sincera tu corazón delante de Dios y examina tus motivos en cada conversación que tengas durante esta semana y pídele a Dios te ayude a usar tus palabras para edificar a otros.

Oremos …

Señor, nuestras palabras, lo que hacemos, lo que tenemos nos hace pensar en lo que hemos logrado o estamos por lograr, recuérdanos que somos breves y que en ti y tu palabra recibimos un destello de la eternidad.

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Salmo 40

No deja de sorprenderme la hermosura de la palabra de Dios, como está se hace relevante a nuestras vidas, como nos enseña y nos instruye, como nos exhorta a vivir diariamente a agradarle a Dios. En esta ocasión el salmista reconoce las bondades que Dios ha tenido para con él, y dice que no podría enumerarlas. ¿Te ha pasado lo mismo? ¿Te has detenido a pensar en las bondades del Señor para tu vida y has reconocido que no puedes contarlas todas? Esto nos debe motivar a rendirnos delante de Dios en adoración y debe ser el mayor motivo de dar a conocer lo que Él ha hecho.

Digamos como el salmista: me deleito en hacer tu voluntad y no refrenaré mis labios de proclamar tu justicia. Cada una de nosotras ha sido perdonada, Cristo en la cruz pago el precio de nuestro pecado y después de eso hemos recibido bendición sobre bendición, gracia sobre gracia. Al reconocer esta verdad y desear vivir agradando a Aquel que te lo ha dado todo, tu vida debe ser un testimonio de la Justicia de Dios, de su Gracia.

Pensemos…

Enumera alguna de las bondades de Dios sobre tu vida y tu familia, comienza a agradecer a Dios por ellas y rétate a contarle a otros sobre lo que Dios ha hecho.

Oremos …

Oremos para que aprovechemos cada oportunidad para poder compartir esta gran misericordia con otros, para que se puedan unir a nosotras en regocijo, por la bondad de Dios.

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A menos que se indique lo contrario utilizamos la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy, y de referencia el comentario Psalms por W. S. Plumer publicado por The Banner of Truth Trust en 2016.
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