Rut 1: Las miserias de Noemí y La esperanza

El libro de Rut es fascinante debido a su riqueza literaria y significado teológico; por ambas razones es uno de los libros que más disfruto estudiar y como la palabra de Dios es viva, cada vez que lo hago mi corazón termina fortalecido y edificado. Les comparto este bosquejo del estudio que estoy compartiendo con las mujeres de Iglesia Gracia y Verdad, con el propósito de que puedas estudiar esta porción de las escrituras y ser edificada de igual forma. Te invito a que lo compartas con otras hermanas y amigas, y si tienen la oportunidad lo estudien juntas.

La historia relatada en el libro de Rut, toma lugar en el tiempo de los Jueces; cuyos sucesos se relatan en el libro que lleva el mismo nombre. Si vemos el último versículo en el capítulo 20 de Jueces hay una característica bien particular de esta época. “En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos.” El pueblo no tenía un rey que los dirigiera y enfocara en sus decisiones, cada uno tomaba acciones y decisiones según les parecía. Y es en medio de este tiempo que se resaltan los sucesos de la familia de un hombre llamado Elimelec, veamos los versículos del 1 al 3:

Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, Efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos.

El nombre de Elimelec significa Dios es Rey, lo cual es muy significativo para esta historia que ocurre en el tiempo en el que el pueblo no tiene un rey humano; Dios sigue siendo Rey. Este hombre toma la decisión de irse de Israel debido a la hambruna y escoge los campos de Moab. Para conocer las implicaciones de esta decisión debemos recordar cuales son los orígenes del pueblo moabita. Veamos Génesis 19:34-37

Al día siguiente la mayor dijo a la menor: “Mira, anoche yo me acosté con mi padre. Hagamos que beba vino esta noche también, y entonces entra tú y acuéstate con él, para preservar nuestra familia por medio de nuestro padre.” 35 De manera que también aquella noche hicieron que su padre bebiera vino, y la menor se levantó y se acostó con él, y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó. 36 Así las dos hijas de Lot concibieron de su padre. 37 Y la mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Moab. Él es el padre de los Moabitas hasta hoy.

Esta nación surgió del incesto planificado por la hija de Lot, y fue caracterizada por la idolatría y la corrupción moral especialmente por las mujeres seductoras. A estos campos Elimelec decide llevar a su familia para que sobrevivan al hambre que está ocurriendo en Israel. No sabemos cuánto tiempo después Elimelec muere y aquí comienzan las miserias de Noemí, queda viuda con dos hijos en los campos de Moab. El versículo 4 nos muestra la segunda miseria que vive Noemí, sus hijos se casan con mujeres moabitas, Orfa y Rut, que como ya vimos no tiene la mejor reputación y ahora vienen hacer parte de la familia. Si recordamos la historia de Isaac, como Abraham procura que su esposa sea de la familia y no una extranjera; podemos imaginar la impresión de Noemí ante estos sucesos. Al pasar del tiempo, ocurre otra tragedia mueren los dos hijos y quedo ella sola en Moab.

Si tratamos de ponernos en los zapatos de Noemí, ¡que tristeza debía tener en el corazón, cuantas preguntas, que incertidumbre! En este tiempo una mujer viuda quedaba desprovista de cuidado y provisión haciendo más difícil su sustento. Al perder también ambos hijos, pierde a las personas que podrían velar por ella.

Entonces se levantó con sus nueras para regresar de la tierra de Moab, porque ella había oído en la tierra de Moab que el Señor había visitado a Su pueblo dándole alimento. Salió, pues, del lugar donde estaba, y sus dos nueras con ella, y se pusieron en camino para volver a la tierra de Judá.

En medio de esta trágica situación Noemí recibe noticias de que el Señor le ha dado alimento a su pueblo y decide entonces retornar a Belén, este camino podría tomarles unos 7 a 10 días, junto a sus nueras. Pero en un momento del viaje Noemí les dice:

“Vayan, regrese cada una a la casa de su madre. Que el Señor tenga misericordia de ustedes como ustedes la han tenido con los que murieron y conmigo. Que el Señor les conceda que hallen descanso, cada una en la casa de su marido.” Entonces las besó, y ellas alzaron sus voces y lloraron, 10 y le dijeron: “No, sino que ciertamente volveremos contigo a tu pueblo.”

En las palabras de Noemí, vemos un cuidado particular por sus nueras, las cuales ya se han convertido en familia, para que se regresen a sus familias de origen. Y esta acción puede tener muchos motivos que no se mencionan en el libro como, por ejemplo: la seguridad del camino, la provisión de sustento para tres viudas, el llegar a Belén con dos moabitas, entre otros. Sin embargo, en sus palabras Noemí nos presenta que a pesar de que el pacto de Dios era con el pueblo de Israel, su misericordia podía ser extendida a dos extranjeras. Y ellas están dispuestas a recibir esa misericordia al contestar que desean seguir con ella.

En los versículos 11 al 13, Noemí levanta el argumento más fuerte que tiene para que estas se regresen a sus familias. Y les explica la costumbre del pariente redentor, en la cual el hermano o pariente más cercano del fallecido se hace cargo de la viuda y de proveerle una progenie que continúe su familia. Enfatizando en las imposibilidades de que esto suceda y en lo injusto que sería para ellas. En el versículo 13 Noemí hace una declaración bien fuerte: “la mano del Señor se ha levantado contra mí.”

Todas estas tragedias, están pesando en el corazón y la mente de Noemí. Y esta expresión que muy bien y humanamente puede ser de queja contra Dios, encierra además una verdad que está latente en Noemí, Dios tiene el control de todo lo que ocurre. Aún en el dolor ella sigue refiriéndose a Dios como el SEÑOR, el soberano.

 14 Y ellas alzaron sus voces y lloraron otra vez; y Orfa besó a su suegra, pero Rut se quedó con ella.

En muy pocas ocasiones escuchamos hablar de Orfa al estudiar esta historia. Podríamos pensar que esta no fue leal a su suegra por regresar a su casa. Sin embargo, la realidad es que tenía todo el derecho de regresarse y Noemí se lo estaba pidiendo e incluso había bendecido su regreso. Sus lágrimas demuestran que había una relación fuerte entre ellas. La decisión de Orfa no fue en contra de Noemí, fue a favor de permanecer en su ciudad en lo que le era familiar. Por otro lado, Rut ni siquiera al ver esto considera la opción de dejar a Noemí y expresa las palabras más conocidas de esta historia:

“No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17 Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa.” 18 Al ver Noemí que Rut estaba decidida a ir con ella, no le insistió más.

¡Impresionante el compromiso que tiene Rut con Noemí! Estos versículos los he visto usados en las bodas, pero nunca como en este contexto, no he visto una nuera hacer un compromiso tal con su suegra. Rut está decidida a dejar todo lo que conoce y lo que ha creído toda su vida; para cambiarlo por lo que Noemí le ha dado a conocer. Esto nos lleva a pensar en el carácter de Noemí, que, aunque no ha sido mencionado en el texto debió ser uno integro, fiel a sus creencias y de una fe viva evidente en el día a día, capaz de convencer a Rut a tomar esta decisión. Reflexionar en esto me lleva a pensar: ¿Es nuestra fe tan evidente en nuestro carácter y diario vivir que impacte a los demás?

19 Caminaron, pues, las dos hasta que llegaron a Belén. Cuando llegaron a Belén (Casa del Pan), toda la ciudad se conmovió a causa de ellas, y las mujeres decían: “¿No es ésta Noemí?” 20 Ella les dijo: “No me llamen Noemí (Placentera), llámenme Mara (Amarga), porque el trato del Todopoderoso (Shaddai) me ha llenado de amargura[i]. 21 Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver el Señor. ¿Por qué me llaman Noemí, ya que el Señor ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso (Shaddai) me ha afligido?”

Llegadas a su destino, causaron conmoción; hacía más de diez años que no sabían nada de Noemí, la ven regresar sin la familia con la que salió y acompañada por una mujer que no saben quién es, lo que la convierte en una extranjera. En medio de su desesperación y amargura, por lo que quiere le cambien el nombre, Noemí nuevamente hace unas expresiones de gran importancia.

El todopoderoso me ha llenado de amargura, ella tiene claro que Dios sigue siendo el mismo que hizo un pacto con Abraham, el Shaddai y es Él quien ha permitido todo lo que ha estado viviendo. Me ha hecho volver el Señor, reconoce que es Él mismo el que tiene el control de la situación y la mueve nuevamente a Belén. En estas dos expresiones vemos como en medio de la amargura, de las miserias que ha vivido, Noemí tiene marcado en su corazón el que Dios es soberano y aun así los momentos de aflicción son inevitables.

Mientras estudiaba esta porción escuche a David Platt señalar lo siguiente. Noemí dice haber regresado vacía, pero a su lado esta Rut, quien ha hecho un compromiso de no dejarla por motivo alguno excepto la muerte. Rut, por un momento olvidada en medio del dolor de Noemí, cubierta de miradas probablemente juiciosas al ver a la moabita; aprendiendo a confiar en el Dios que ha conocido por Noemí. Y está sin saber que Dios ya había provisto en Rut la solución para descifrar su porvenir.

22 Y volvió Noemí, y con ella su nuera Rut la Moabita, regresando así de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

Termina esta primera parte de la historia con Noemí y Rut en Belén; recalcando que Rut es de Moab, recordando así la reputación que trae en sus espaldas y que no es parte del pueblo de Israel. Y en medio de una historia llena de miserias y amarguras, tenemos un destello de esperanza llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

Al volver a reflexionar en la decisión de Rut podemos ver que la fe no sólo produce una decisión, sino un cambio de vida. Ella dejo todo lo que conocía por unirse al pueblo de Noemí, al pueblo con el que Dios tenía el pacto.

Mientras leo las palabras llenas de amargura de Noemí, puedo identificarme con ocasiones en mi vida con las que he hablado de igual forma. Y es mi oración que pueda y podamos aún en las dificultades, estar segura como Noemí de que Dios existe, Dios es Soberano y Dios la ha afligido. Para así poder en medio del dolor, descansando en su soberanía saber que nada está perdido, Él sigue siendo el Señor Todopoderoso. Sea esta nuestra esperanza en medio del dolor.

 

 

 

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