Una aventura azul

Little John

Recuerdo cuando empecé a ver borroso, ya no me hablabas igual y dejaste de necesitarme.
Recuerdo cuando se me escapó tu voz, y no entendía porque gritabas en su lugar.
Recuerdo cuando frustrada no sabía qué hacer contigo.
Recuerdo cuando comencé a ver en nuestro ambiente una luz azul.
Recuerdo cuando te levantabas llorando sin aparente razón.
Recuerdo cuando exigías tu almuerzo a la hora en punto.
Recuerdo cuando con temor lance la pregunta ¿será autismo?
Recuerdo las citas, las evaluaciones, las pruebas, las mismas preguntas, el mismo dolor.
Recuerdo las noches largas pensando ¿y ahora qué?
Recuerdo los momentos que lloramos juntos, para después reír a carcajadas sin motivo.
Recuerdo cuando me pellizcabas para llamar mi atención.
Recuerdo como ese pellizco ocupo el lugar del hermoso “ama”
Recuerdo aquel 25 de abril, en que nos contestaron la pregunta con un sí.
Recuerdo todas mis dudas, y las miles de opciones que ofrecía la gente.
Recuerdo mis oraciones sin palabras.
Recuerdo nuestras investigaciones, nuestros intentos de cómo hacerte mejorar.
Recuerdo descubrir alguno nuevo de ti cada día.
Recuerdo explotar ante Dios con un ¿Por qué él? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué a mí?
Recuerdo comenzar a entender lo que significaba tus llantos.
Recuerdo reír sin parar contigo, simplemente por verte feliz.
Recuerdo la respuesta de Dios a mis preguntas, ¿Quién es el soberano aquí?
Recuerdo como despedí las imágenes que soñé sobre ti, y me aferraba a tu futuro.
Recuerdo ver la mano de Dios en cada profesional, cada secretaria, cada asistente que se cruzaba contigo.
Recuerdo cuando comenzamos a comunicarnos sin palabras y todo estaba bien.
Recuerdo cuando mi corazón se termino de quebrar al reconocer que yo no tenía el control.
Recuerdo descubrir tus habilidades con los rompecabezas, y tu amor por los libros.
Recuerdo el susurro de Dios: Yo tengo todo bajo control, no se me ha escapado ningún detalle.
Recuerdo cuando el azul volvió al cielo y al mar.
Recuerdo cuando las lágrimas y las preguntas se volvieron en acción.
Recuerdo cuando corrías por no hacer la asignación.
Recuerdo cuando aún así no querías salir del salón.
Recuerdo aquel día que me volviste a mirar y me regalaste una sonrisa.
Recuerdo que con tu mano en su brazo volviste a decir “pa…pa”
Recuerdo el día que me miraste extraño, porque me faltaban los espejuelos y los buscaste.
Recuerdo como ahora te consuelas en mis brazos.
Pienso en todo lo que nos falta por aprender y alcanzar pero,
Recuerdo la bondad de Dios y anhelo ver lo que hará contigo.
Para entonces recordar esta aventura azul, para su Gloria.

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3 comentarios en “Una aventura azul

  1. Fabiola Silva de Figueroa dijo:

    Es una experiencia muy hermosa, conocer esta personita tan especial que te enseña el amor de Dios, en una sonrisa, y en un toque de manos que al juntarse y hacer contacto te dice : “te quiero”. Para mí ha sido una experiencia maravillosa e inolvidable. Doy Gracias a Dios por la oportunidad de conocerlos y disfrutarlos, tener una aventura azul.

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